28 de juliol de 2008

Los Eurogames

Publicó ayer La Vanguardia un artículo de Pilar Rahola acertadísimo sobre el tema de la autodiscriminación del colectivo homosexual. Lo copio aquí.

Como no traje a Nueva York el
manual de lo políticamente correcto,
no sé si estaré incumpliendo
algún precepto de tan
sagrado catecismo. ¿Puedo decir que no
entiendo esto de los Eurogames? Lo pregunto
porque hay determinados sectores
que, a fuerza de luchar contra la discriminación,
han impuesto una cierta censura
del pensamiento. Miren mi artículo, por
ejemplo. Yo, que tengo una larga biografía
de apoyo a los derechos homosexuales,
estoy aquí, perpetrando una parrafada,
antes de entrar en materia. ¿Será que
intento justificar mi derecho a la crítica?
Probablemente. Porque si antes con la
Iglesia topábamos, ahora topamos con
sensibilidades de piel extra fina, cuya capacidad
lobbystica pone a cualquiera contra
la pared. Seamos sinceros. Mujeres y
gais son hoy materia aparte, y quien se pasa
un pelín sufre el ostracismo público, lo
cual, en la era de la comunicación, es comosufrir
la ira de los dioses. Así pues, me
pongo a escribir con paraguas, harto convencida
de que se atisba tormenta en el
horizonte cuando se critica cualquier iniciativa
gay.

Los Eurogames, decía. Perdonen, pero
no lo entiendo. ¿No habíamos quedado
en que la lucha por los derechos homosexuales
era la lucha por la normalidad?
¿No se trataba de quebrar los prejuicios y
romper los arquetipos que pesaban sobre
el colectivo gay? ¿No era cuestión de demostrar
que dormir con cualquiera no implicaba
nada más que un hecho personal,
y no tenía que derivar en un estigma social?
¿No se trataba de explicar que eran
médicos, abogados, torneros, camareros,
artistas, escritores, y que su condición
sexual sólo era una materia íntima? ¿No
se trataba de explicar que la sociedad era
múltiple, y que los gais formaban parte
de ella en plenitud de deberes y derechos?
Finalmente, y perdonen el trazo
grueso, ¿no se trataba de superar al maricón
para dar la bienvenida al homosexual?
Recuerdo haberlo escrito hace
tiempo, en relación con la fiesta anual del
orgullo gay. No podía, ni puedo, entender
por qué es necesario, en dicha fiesta, hacer
desfiles horteras, mostrando cuerpos
vestidos como si estuvieran en un lupanar
de bajos fondos, generalmente más
cercanos a la chabacanería barata que a
la reivindicación seria de un noble derecho.
Algo parecido me ocurre con estos
juegos. ¿Por qué motivo ser gay tiene que
implicar tener un circo y unos Juegos
Olímpicos gais? ¿En qué quedamos? ¿Se
lucha por la normalidad o se lucha por la
segregación? Cuando se anunciaron dichos
Juegos, con toda pompa por parte
de la consellera republicana de turno,
que se aprestó rauda a hacer la rueda de
prensa, convencida de que ganaba puntos
en la olimpiada progre, ya expresé mi
perplejidad. La mantengo. Sinceramente,
me sorprende la utilización de la orientación
sexual como elemento segregado de
una sociedad. Y si dicha utilización tiene
una finalidad económica, entonces nome
sorprendo,meescandalizo. Personalmente,
no creo que los Juegos Olímpicos gais
aporten nada a la lucha contra la discriminación.
Al contrario, creo que la apuntalan.
Pero mueven dinero, y si el dinero no
tiene color, parece que sí tiene orientación
sexual. Como sea, lejos de luchar
por que el mundo conozca a los grandes
atletas gais, y por que sea normal no esconder
la orientación sexual cuando se está
en la cima del deporte, lejos de ello, se
monta un espectáculo para que la gente
convierta su gusto sexual en condición
deportiva. Es decir, en la lucha por la normalidad,
perpetramos espectáculos públicos
tan anormales, que segregan a la parte
mayoritaria de la sociedad. Alucinante.

Acabo con un apunte de un tema paralelo,
el padre-madre que ha mostrado a
su hija en las portadas del mundo. Las revistas
norteamericanas están haciendo
un festín con el morbo. En este caso, más
que escandalizarme, me da una enorme
pena la exhibición pública de esta niña,
como si fuera un mono de feria. ¿Su exhibición
es fruto de una lucha simbólica?
No seamos ingenuos. Es otro movimiento
de talonario. De ahí que en ambos casos,
las Oolimpiadas y este padre-madre,
mi posición sea tan crítica. Porque no
creo que se avance contra el prejuicio.
Creo que se hace negocio con él.

www.pilarrahola.com

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