29 de novembre de 2009

La fórmula preferida del profesor, de Yoko Ogawa

"La fórmula preferida del profesor"
Yoko Ogawa
Funambulista 2008

En esta novela se nos cuenta delicadamente la historia de una madre soltera que entra a trabajar como asistenta en casa de un viejo profesor de matemáticas que perdió en un accidente de coche la memoria (mejor dicho, la autonomía de su memoria, que sólo le dura 80 minutos). Apasionado por los números, el profesor se encariña cada día con la asistenta y su hijo de 10 años, al que bautiza «Root» («Raíz Cuadrada» en inglés) y con quien comparte la pasión por el béisbol, hasta que se fragua entre ellos una verdadera historia de amor, amistad y transmisión del saber, no sólo matemático…
El modo de escritura se me ha hecho un poco extraño, no sé si porque la autora es japonesa. Este libro ha sido un auténtico fenómeno en Japón, que en dos meses vendió un millón de ejemplares, además de hacer película, cómic y CD. Arranca muy bien pero después pierde fuelle, es un poco repetitivo. El fondo es muy bonito, como la asistente y su hijo intentan que el rato que el profesor esté con ellos sea lo más agradable posible. Es difícil porque tienen que ponerse en su lugar y, por ejemplo, no poner nunca cara de asombro ni extrañarse por la carencia del anciano, que no recuerda nada de lo que ha pasado hace ochenta minutos, ni a las personas que trata. Cada día han de repetirle quienes son... Pero se desviven por él, son de una delicadeza humana asombrosa. Muy buen fondo. Un 8.

Ponyo en el acantilado

Preciosa película para los más pequeños. Versión de "La sirenita de Copenaghe". Mi sobrino de cuatro años que se pasa el día matando dracs con cualquier cosa que tenga a mano, considerando un drac cualquier persona que se le ponga por delante (es decir, que es un bestia), la vio sin pestañear, y al terminar pidió volver a verla inmediatamente. Una ternura. Japonesa. DeCine21.

"Tout est pourri", todo está podrido.

Rafael Alvira publica este artículo en La Gaceta de los negocios, sobre la corrupción y el escándalo en España. ¿Solución? "la potenciación moral de las familias y los centros educativos." Enseñantes, a ponernos las pilas, sobre todo, porque creo que tiene razón. Copio.





Actualmente el ser humano está comenzando a perder el sentido físico del olfato. La tenaz guerra contra los malos olores y la confianza en que los alimentos que se nos venden son saludables —aunque todos de un modo u otro "plastificados"—, hacen que nuestra nariz ya sólo sirva para respirar o para el toque estético. Y, sin embargo, el olfato de la inteligencia se empieza a desarrollar cada vez más: es la necesidad de captar lo que pasa a nuestro alrededor, lo que sucede de verdad, más allá de las apariencias. Cabía prever que esto sucedería. Toda sociedad, como la nuestra, que vive de las apariencias, ha de empujar a la gente a afinar su olfato frente a la corrupción. No es nuevo. Ya en el siglo XIX francés era común la frase: "tout est pourri", todo está podrido.    El origen de la corrupción personal y social es fácil de detectar: consiste en convertir lo público en privado y lo privado en público. De ese modo, todo pierde su verdadero ser. Se entiende por corrupción en política el utilizar para beneficio privado lo público. A usar lo privado como público no le solemos llamar corrupción, sino escándalo, pero en el fondo es lo mismo.

Quien vende su vida privada haciéndola de dominio público, la corrompe. En un caso hemos perdido el ser, la verdad, de lo público, por un inadecuado interés privado. En el otro, hemos perdido la verdad de lo privado por un inadecuado interés individual. En su autenticidad, público y privado no se contraponen, sino que se complementan. Si la esfera pública es correcta, la vida privada se beneficia de ello. Pero hoy se ha olvidado que la calidad de lo público depende de la calidad de lo privado mucho más que al revés. Quien no obra correctamente en lo privado —y, por tanto, lo desvirtúa— trasladará más tarde o más temprano su experiencia vital, sus costumbres, su ética, a lo público.

Se pretende que lo privado es el ámbito del vale casi todo, mientras que lo público funciona perfectamente según reglas. Pero ya los romanos lo sabían perfectamente: quid leges sine moribus, ¿de qué sirven las leyes sin las buenas costumbres, sin la ética? Leyes y reglas no pueden de ningún modo sustituir a la ética. Cuando las personas obran bien, el derecho sirve para reforzar su poder correcto. Cuando las personas no saben obrar bien, el derecho se convierte en un instrumento para incrementar el poder corrupto. La ética no tiene sustituto válido, como tampoco la religión. La situación actual no es ninguna broma: no es que nos olfateemos la corrupción de los políticos; eso ya es consabido. Lo que ahora sucede es que incluso nos entran serias dudas sobre los jueces y sobre la policía. Y eso sí que ya es tocar fondo. Un fondo del que no nos rescatarán en España sino la toma de conciencia ética de la minoría dirigente y, sobre todo, la potenciación moral de las familias y los centros educativos.

20 de novembre de 2009

El embrazo es contrarrevolucionario

Copio un artícula aparecido en El Diario de Cádiz, de Enrique García Maiquez, Actividad contrarrevolucionaria.

La homosexualidad ejerce un magnetismo indudable sobre nuestros legisladores y sobre el imaginario cultural de los últimos tiempos. Me consta que a algunos homosexuales les incomoda tanto protagonismo y tanto interés político, por no hablar del alipori que les produce el Día del Orgullo Gay. Quizá lo que de un modo oscuro les atrae de la homosexualidad, entre otras cosas, a los adalides de lo políticamente correcto es su condición de método anticonceptivo infalible, como la masturbación, que promocionan sin descanso. A poco que nos fijemos, el común denominador de bastantes pulsiones progresistas es el rechazo de la vida nueva.

Tiene su lógica. ¿Han visto ustedes algo más reaccionario que un embarazo? Nada de igualdad de sexos. Desde el inicio hasta el final, hay un reparto de papeles radicalmente diferenciado. Además, con frecuencia, la mujer, que suele ser muy ejecutiva y eficaz en su trabajo, sufre cierta merma en sus capacidades profesionales y a veces no le queda más remedio que darse de baja. El hombre, en cambio, recibe una descarga de responsabilidad y otra, muy curiosa, de caballerosidad. Por muy igualitarista que fuera, se encuentra de pronto llevando todas las bolsas y abriendo y cerrando las puertas al paso de su señora, como un gentilhombre del siglo XVIII.

No hay mejor campaña antiaborto que un embarazo. Desde el instante en que el test da positivo, los padres se pasman ante la trascendencia de lo acontecido y no hablan sino de su bebé y se alarman ante cualquier pequeño riesgo y cuentan las semanas una y otra vez y se meten en Internet a intentar leer todas las páginas web sobre la gestación. Mucho antes de haber alcanzado los plazos que la ley permite para abortar, los padres ya han visto varias ecografías, y tienen fotos, y vídeos que ponen a familiares y amigos heroicos. ¿Quién es capaz de explicarles ahora que su hijo no es un ser humano con un valor absoluto, eh?

Los padres olvidan sus derechos adquiridos y esperan, alborozados, los nuevos deberes. Si eso no fuera suficientemente antimoderno, el embarazo es, en sí, un epítome de la tradición. La vida, que los padres recibieron de sus padres, se transmite al hijo, y con ella una cultura y unas -las que sean- creencias. El embarazo es el centro (ombligo) de la institución familiar.

Y luego está el sexo. Lo políticamente correcto es el género como creación artificial, que depende de nuestra voluntad. Pero el embarazo, tan recalcitrante, opina lo contrario. El momento de conocer el sexo de la criatura es esencial. Entonces su persona se hace presente de una forma mucho más nítida y adquiere su perfil en las conversaciones familiares y, sobre todo, su nombre. Es la apoteosis del sexo como elemento constitutivo natural del individuo.

A nuestros ingenieros sociales los embarazos les producen mareos, náuseas, ciáticas. Normal: son una actividad contrarrevolucionaria.

15 de novembre de 2009

Un obispo contra los sepultureros.

Copio un artículo bastante cáustico, como siempre, de Juan Manuel de Prada. Comenta las reacciones a las declaraciones del secretario general de al Conferencia Episcopal Española, Martínez Camino, sobre la nueva ley del aborto.


    ACEPTEMOS la versión del descreído; aceptemos que la Iglesia católica es una mera sociedad humana, al estilo de un club de fútbol. Si un dirigente de un club de fútbol, invocando los estatutos de la sociedad que representa, advirtiera a los socios que el impago de las cuotas determina la expulsión del club, nadie se sentiría ofendido o amenazado: a quienes no perteneciesen al club, la advertencia del directivo les importaría un ardite; y a quienes sí perteneciesen, tal advertencia sólo les recordaría que, al ingresar en dicho club, aceptaron cumplir con las obligaciones que se establecen en su estatuto. Pero llega el obispo Martínez Camino y advierte a los católicos, invocando la doctrina de la Iglesia, que quien apoya el aborto no puede comulgar, o que quien lo perpetra incurre en excomunión, y tanto los descreídos como algunos sedicentes católicos se sienten ofendidos o amenazados. ¡Extraña reacción!

    Unos y otros acaban tachando las palabras de Martínez Camino de «intromisión» en un ámbito que no le compete. Pero lo cierto es que Martínez Camino ha permanecido quietecito en el único ámbito que le compete, que es el de la ley de Dios o, dicho desde la perspectiva de un descreído, el de las normas que regulan la pertenencia al club que representa. Existe una confusión creciente en torno a lo que debe considerarse ámbito político y ámbito religioso. Si la política se enreda en cosas temporales, los obispos no deben intervenir; pero si la política invade los fundamentos éticos que se desprenden de la misma naturaleza humana, los obispos tienen la obligación irrenunciable de intervenir. Si no lo hicieran, estarían renegando de su ministerio; y, desde ese mismo instante, dejarían de ser obispos. Martínez Camino no ha hecho sino recordar lo que establece el catecismo de la Iglesia católica; en lo que cumple con su obligación, que no es otra sino predicar sobre los terrados lo que un día Cristo le susurró al oído.

    Decía Chesterton que necesitamos curas que nos recuerden que vamos a morir; pero -añadía- mucho más necesitamos curas que nos recuerden que estamos vivos. Las declaraciones de Martínez Camino nos demuestran que es un cura de la segunda especie; o, dicho más propiamente, un cura capaz de resucitar a un muerto. Porque, desde luego, una sociedad que acepta el aborto es una sociedad fiambre; y los políticos que se creen investidos del poder para convertir un crimen en un derecho son sus sepultureros. A los sepultureros les jode sobremanera que un cura pronuncie palabras capaces de resucitar a un muerto; y enarbolan el azadón y la pala, dispuestos a descalabrarlo, por no dejarles desempeñar su oficio en paz, que es la paz de los muertos. Y es que las palabras de Martínez Camino, al fin y a la postre, apelan a principios antropológicos y éticos arraigados en nuestra naturaleza; principios tan evidentes como que la vida humana tiene que ser respetada y protegida en todas sus fases, pero muy especialmente allá donde más frágil e indefensa se halla. Y es natural que quienes han introducido la amoralidad como cimiento de la acción política, quienes han declarado abolidos todos los principios como medio para alcanzar los fines más execrables, quienes niegan la posibilidad de fundar las leyes sobre un razonamiento ético objetivo, quienes -en definitiva- conciben la política como una asociación organizada para la libre delincuencia que «legitima» los crímenes mediante la mera aritmética parlamentaria se revuelvan furiosos, al comprobar que las palabras de Martínez Camino hacen rebullir en el ataúd a quien ya creían muerto.

    Para atreverse a resucitar a una sociedad que yace en el ataúd hace falta, desde luego, tenerlos muy bien puestos. Y es que los buenos curas, los curas capaces de resucitar a un muerto, deben ser célibes, pero en modo alguno eunucos.

14 de novembre de 2009

El cerebro del hombre y el de la mujer

Genial!

El hombre inquieto, de Henning Mankell

 
"El hombre inquieto"
MANKELL, Henning
Tusquets Editores 2009

La vida del inspector Kurt Wallander ha cambiado ligeramente: no sólo ha hecho realidad su sueño de tener una casa en el campo, sino que, además, su hija Linda lo ha convertido en abuelo. Sin embargo, su tranquilidad se ve perturbada poco después, un día de invierno de 2008, cuando el suegro de Linda, un oficial de alto rango de la Marina sueca llamado Hakan von Enke, desaparece en un bosque cerca de Estocolmo. Aunque la investigación la dirige la policía de Estocolmo, Wallander no puede evitar implicarse, sobre todo cuando una segunda persona desaparece en misteriosas circunstancias.

Como ya anunció el autor, éste es el último libro de la serie Wallander, aunque no resulta muerto. La verdad es que me encanta esta autor y este protagonista. La trama engancha, no es morbosa, y está plagada de pequeños detalles que hacen que Kurt Wallander sea profundamente creíble. Sus desesperanzas, miedos, intuiciones, gripes, paseos al perro, catarros, iras, caprichos y un profundo anhelo trascendente que no sabe satisfacer porque para él Dios no existe, no sabe qué ni Quien es, no lo conoce. Tiene sesenta años, (en el primero de los libros de la serie tiene cuarenta años, padre divorciado con una hija adolescente), se enfrenta a la próxima jubilación y tiene pavor a envejecer y parecerse a su padre. Por otra parte es un buen hombre que se hizo policía para estar en el bando "correcto" y ayudar a librar su ciudad de "alimañas", con un comportamiento personal bastante ético. Produce ternura. Hay numerosas referencias a libros anteriores, pero no suponen una dificultad para los que no los han leído.

Curiosamente he adivinado la trama. No sé si es intención del autor que así ocurra. Quizás se lo pregunte.

7 de novembre de 2009

Apologia pro Vita Sua, de John Henry Newman

"Apologia pro Vita Sua. Historia de mis ideas religiosas"
Newman, John Henry
Ciudadela 2009

En 1864, John Henry Newman, para defenderse de las acusaciones de insinceridad que el polemista Charles Kingsley presentó contra él, decidió escribir el relato de su vida. De esta anecdótica controversia surgió una de las autobiografías más personales, íntimas e influyentes de la literatura occidental. La temática es la conversión de Newman dels anglicanismo a la Iglesia católica; una historia que versa sobre el valor de nuestras propias elecciones.

Nada fácil este libro, si no se está al caso de lo ocurrido con el movimiento de Oxford de 1830. Pero muy rico e impresionante, porque se desvela la rectitud, buen trabajo y búsqueda de la verdad por parte del autor, que finalizó en el encuentro con la Iglesia católica pese a los muchos prejuicios (era el anticristo) que tenía contra ella.

He encontrado a faltar notas a pie de página de la editorial y del traductor para orientar al lector correctamente en lo que leía. Yo he tenido que buscar información fuera del libro para estar bien situada. Creo que tampoco está demasiado bien traducido. En fin, para quien tenga auténtico interés en le tema.

6 de novembre de 2009

Google Trucs

Trucs per utilitzar el buscador Google per a altres coses o afinant més... Maximitza la finestra per a veure-ho millor.

5 de novembre de 2009

Gitanillo de Can Tunis

Impresionante vídeo de La2. Un gitanillo de once años, mientras conduce un coche paseando por su barrio, nos cuenta la vida de éste y sus aspiraciones personales. Pensando en mis alumnos que lo tienen todo y pasan de todo (algunos), me hierve la sangre al ver cómo tiran a la basura las oportunidades que les brinda la vida.


1 de novembre de 2009

La hija del optimista, de Eudora Welty

"La hija del optimista"
Eudora Welty
Impedimenta 2009

Premio Pulitzer 1972. Narra la historia de Laurel Mc Kelva, una mujer de mediana edad que viaja a Nueva Orleans para hacerse cargo de su padre, un juez retirado que ha de someterse a una operción quirúrgica. El juez no logra recuperarse y muere lentamente. Laurel se hace cargo de todo bajo la mirada de la segunda mujer de su padre, más joven que ella.

Original novela, donde la autora, más que describir el estado de ánimo de Laurel, relata con bastante imprecisión  los personajes que acuden al velatorio de su padre, las amistades, el comportamiento del doctor... todo de modo muy indirecto, pues difícilmente el lector llega a poder imaginar la apariencia de lo que se relata o la personalidad o intenciones de los secundarios, que llenan el relato. Al final queda la impresión de la importancia de las raíces de cada cual: la casa donde ha vivido, las experiencias que componen la propia biografía, sustancia y componente esencial de la intimidad de la persona. Un 9. Para minorías.

La maravillosa historia de Peter Schlemihl, de Adelbert von Chamisso

"La maravillos historia de Peter Schlemihl" 
Adelbert von Chamisso
Ilustraciones: Agustín Comotto
Nórdica Libros

Novela escrita en 1814, reeditada ahora por Nórdica Libros. Es un clásico de la literatura romántica alemana. Nos cuenta las desventuras de un joven que cierto día cae en la tentación de vender su sombra aun extraño personaje a cambio de una bolsa mágica de oro, que nunca se vacía. A partir de ahí su vida es una auténtica tortura pues sus semejantes, en cuanto se dan cuenta de su carencia lo rechazan asustados.

Literatura no habitual, me ha gustado leerlo. Es corto, como un cuento, y se pueden sacar muchas conclusiones positivas, aunque el trabajo es todo del lector. Un 8.


Sida, diarrea y neumonía

Denuncia el The New York Times que un mayor número de niños mueren de diarrea y neumonía en África que las personas que mueren del sida. Sin embargo, las ayudas se dirigen a erradicar esta enfermedad y no estas otras dos, que sería además en comparación, muy barato. ¿Por qué? Porque simplemente son menos glamurosas.

2007
Sida, mueren 2.000.000 de personas.
Neumonía i diarrea, mueren 3.500.000 de niños menores de cinco años.
        
Nigeria y Etiopía: Sida, mueren 375.000 personas. Ayuda de EEUU de 750 millones$
                          Neumonía y diarrea, mueren 540.000 niños. Ayuda de EEUU de 35 millones$

Más información: Aceprensa


Corrupción y avaricia

Muy esclarecedor me parece este artículo de La Vanguardia de hoy, donde Saranyana equipara la corrupción política a trabajar mal . Creo que si todos nos propusiéramos trabajar mejor, cambiarían las cosas. Ha llegado un momento en que los que nos esforzamos por cumplir nuestro deber del mejor modo posible y pensando en los demás, somos unos ingenuos, como poco. Pues pienso  que el mundo sería mejor si fuéramos más los que trabajamos así.

Corrupción y avaricia

Josep-Ignasi Saranyana


En estos momentos en que la política pasa por momentos bajos quiero hacer una defensa de la política", decía Lluís Foix hace unos días. "Ni todos los políticos son corruptos, ni todos los periodistas somos vasallos, ni todo un país está encharcado en la delincuencia, ni todos los jueces no cumplen con su deber".

Una de las debilidades de la naturaleza humana es la avaricia. Esto viene de lejos, y tiene mucho que ver con el "lamentable episodio de la manzana", es decir, con el pecado original, se crea o no. Hay un virus en la naturaleza humana que inclina viciosamente a atesorar bienes superfluos, a sustraer la hacienda al prójimo, a no pagar lo que es justo, a no contribuir a las cargas sociales en la proporción requerida y a trabajar menos de lo debido (lo que ahora se denomina "poca productividad") y a otras cosas parecidas.

Hace un par de semanas ÁngelesCaso comentaba, en el Magazine de La Vanguardia la historia de un matrimonio amigo que compró un piso de segunda mano, que debían reformar, y que no conseguían - en una época de crisis, con poco trabajo y bastante paro-que electricistas, fontaneros, cristaleros, pintores, carpinteros y demás gremios, atendieran el teléfono, aceptasen trabajar en la casa, o presentasen presupuestos razonables. Yo he tenido una experiencia semejante: una compañía de seguros, que me cobra puntualmente una póliza desde 1982, ha tardado cinco meses y medio en contestar a tres preguntas que les había formulado. No valieron ni siquiera mis veladas amenazas de acudir a tribunales. No contestaban al teléfono, no acusaban recibo de los correos electrónicos, no me recibían. Al final tuve que recurrir a un intermediario honrado, amigo de uno de los jefes de la compañía.

No toda la corrupción es fraude al fisco, cohecho, prevaricación o tráfico de influencias. También es corrupción trabajar mal. Y en esto los cristianos tendríamos que ser muy ejemplares. Nuestro modelo, que es Cristo, todo lo hizo bien.

  J.-I. SARANYANA, historiador