1 de juny de 2010

Aprendices de corruptos

     


¡ESTOY HARTA DE AGUANTAR EN CLASE A ALUMNOS QUE EL DÍA DE MAÑANA NO SERÁN OTRA COSA QUE PERSONAS CORRUPTAS!!!!!!!!!!!!!

Hay algunos alumnos a los que les estamos consintiendo que se conviertan en corruptos el día de mañana: no tienen respeto más que para su propio yo, sus "apeteceres", son parásitos del sistema educativo, pues pierden el tiempo soberanamente en clase y la hacen perder a sus compañeros, porque enredan y consiguen que las clases sean un latazo: continuas interrupciones, mal ambiente... Y tienen 16 años cumplidos, es decir, ya no tienen por qué estar aparcados en un centro. Pero ahí siguen. Sin posibilidad de echarlos, al menos en la pública. Estamos consiguiendo que cojan todos los hábitos de un corrupto.

Copio, porque escribe mejor que yo, parte de un artículo de Antoni Puigverd, aparecido ayer en La Vanguardia.

(...) Me refiero a las transcripciones del caso Pretoria, en las que unos tipos podridos de poder, dinero e influencia se reparten comisiones, manipulan las ordenanzas municipales, recalifican terrenos, colocan a parientes y amigos en puestos públicos, presionan a consellers, alardean de sus contactos, se jactan de sus abusos, de sus millones, de su caviar, se burlan unos de otros y demuestran un absoluto desprecio por la cosa pública, convertida para ellos en cuerno de la abundancia, en cueva de Alí Babá.

En condiciones normales, no habríamos conocido estas conversaciones, pero un juez que perseguía delitos de fuga de capitales ordenó las escuchas. Las palabras llegan hasta nosotros con toda su crudeza. Es la cháchara de los héroes de nuestro tiempo. Cínicos de pies a cabeza, carecen de escrúpulos, vergüenza e ideología. Desprecian incluso a sus compinches. No creen en nada, excepto en su interés.

Los alumnos (aprendices de corruptos) no han leído seguramente dichas transcripciones, pero sintonizan con su filosofía. Son hijos del nihilismo del caviar. Un tiempo que ha entronizado la ironía, ha despreciado la rectitud, se ha burlado del trabajo paciente, ha adorado al becerro de oro y ha despreciado todo lo que el profesor debe transmitir en clase: el esfuerzo para aprender materias que no reportan ganancias, la paciencia lectora, la imposibilidad de llegar a fin de curso haciendo trampas, la responsabilidad individual y el respeto a las normas que rigen en la comunidad de la clase. Curiosa pedagogía contemporánea: creyendo proteger a los niños y adolescentes de los abusos del pasado ("la letra con sangre entra"), les ha dejado sin defensas ante los abusos del presente.



  
     

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