13 de juny de 2010

Reflexión sindical

  
  
  
Hace tiempo que me cuestiono cual es el papel de los sindicatos en esta sociedad nuestra española. Forman parte del sistema y del poder y solo representan a una parte de los trabajadores. ¿Qué pasa con los autónomos, las empresas familiares, los jóvenes en busca del primer trabajo, etc? Pilar Rahola lo expresa muy bien en esta columna que copio. La negrita es mía.

La huelga no les ha ido bien y, si no están ciegos, la dura realidad del fracaso de la movilización debe haber hecho añicos las estrategias sindicales, lo cual incide en cualquier estrategia posterior. En este sentido, parece claro que los sindicatos deberían hacer una reflexión autocrítica, so pena de quedar como grandes fachadas ostentosas y efectistas, pero vacías de sentido de la realidad. ¿Por qué no han seguido la huelga la mayoría de los funcionarios que habían sido convocados? Por supuesto, son los convocantes quienes deben responder, pero algunas ideas críticas asoman en el horizonte y permiten una reflexión general. La primera, sobre la naturaleza misma de los sindicatos. Ciertamente se muestran como un contrapoder laboral al poder económico y político, y sus camisas sin corbata, o sus cuellos altos, avalan textilmente esa teórica condición. Pero en realidad hace décadas que los sindicatos forman parte del sistema, tanto, que los vasos comunicantes de unos y otros, con mítines compartidos, con socialistas puño en alto cantando la rancia Internacional en sus actos, con los propios sin movilizarse durante dos años a pesar de la crisis, con todo, el mensaje es inevitable: el poder sindical se siente bien con el poder, porque es... poder. Si añadimos los millones de euros que reciben de subvención y los miles de liberados sindicales que tienen, se completa el círculo. En este sentido, por cierto, ¿no sería hora de asumir, como todo sufrido terrenal, una reducción de esa alegría monetaria que reciben? Y más aún, ¿por qué debemos pagar con dinero público a los sindicatos y a las organizaciones empresariales? ¿Por qué no se sustentan con el dinero de sus afiliados, tal como ocurre en otros países? Algún día habrá que revisar estas hipotecas de la transición política. Y más allá de la cuestión económica, está el discurso. A menudo los sindicatos parecen decimonónicos y hablan en términos muy alejados de la realidad laboral. Primero, porque el binomio empresario/ obrero ha sido dinamitado con miles de autónomos, pymes y todo tipo de emprendedores que arriesgan tiempo, patrimonio y salud en activar la economía. Y segundo, porque el aumento impositivo hará más daño a la creación de empresas que la reducción de sueldo de los funcionarios. Quizás la cuestión está en preocuparse más por crear empleo que no sólo por defender el empleo que ya existe. Y también en bajar a la condición terrenal. Hoy los sindicatos son grandes estructuras de poder, económicamente fuertes, políticamente dependientes y retóricamente antiguas. Puede que todo ello no explique el fracaso del otro día. Pero explica la irrealidad en la que habitan. "Una empresa es como una bicicleta. O te mueves o te caes", dijo alguien. El problema está cuando sólo se defiende la bicicleta, pero se desprecia el movimiento. Resultado: cinco millones de parados.

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