9 de novembre de 2010

Lluis Martínez Sistach valora la visitadel Papa a Barcelona

 
 
Entrevista hoy La Vanguardia al arzobispo de Barcelona, valorando la repercusión del viaje del Papa a Barcelona. La copio a continuación.

El cardenal Lluís Martínez Sistach, artífice de la visita a Barcelona de Benedicto XVI, considera que la ceremonia papal en la ya basílica de la Sagrada Família ha proyectado al mundo una Catalunya diestra en virtudes artísticas y organizativas, y ha multiplicado la fama mundial del templo de Gaudí. El arzobispo de Barcelona lamenta algunas críticas.

¿Qué quedará de la visita?

Los catalanes no somos gente que manifieste sentimientos, pero la acogida fue calurosa. Fue bonito. La visita ha sido histórica para la ciudad y la diócesis. Cuando viajo al extranjero, no me preguntan por la catedral, que es de un gótico maravilloso, sino por la Sagrada Família. Es un icono de nuestra ciudad. La visita ha tenido una dimensión pastoral, porque invitó al Papa a venir un cardenal, no un político. El objetivo era eclesial, dedicar la Sagrada Família, y se completó con la visita al Nen Déu, a familias con hijos discapacitados emocionadas porque el Papa abrazaba a sus hijos. Los últimos papas se han caracterizado por defender la dignidad de la persona y promover la paz mundial. Ahí podemos encontrarnos todos.

El Papa ha aludido al laicismo en Santiago y en Barcelona.

Hemos perdido el espíritu de la transición. Entonces había más colaboración, se iba a buscar más los puntos positivos y de unión, y se reconocían cosas que habían hecho unos y otros. Eso ha desaparecido; ahora hay una tendencia laicista, yno es positivo. El Estado es laico, pero la sociedad no, pues está formada por personas, y muchas tienen religión. El Estado es aconfesional, y la Constitución propugna una laicidad positiva y abierta. Y tienen libertad religiosa las personas, pero también grupos e instituciones. Reducir la fe a lo personal o recluirla en la sacristía no es libertad religiosa ni laicidad auténtica.

¿Qué debe hacer un gobernante ante una ceremonia religiosa de relieve como las de Santiago y Barcelona, asistir o no? Zapatero optó por no hacerlo.

 
Yo respeto las decisiones de las personas con responsabilidad pública, y el presidente del Gobierno tuvo ocasión de ver al Papa en la despedida. Pero no entra en contradicción con un Estado laico que quienes tienen responsabilidad política y representan a los ciudadanos, participen en manifestaciones culturales, deportivas y religiosas. Esas personas están al servicio de la sociedad, que está formada por grupos y sensibilidades; quizá ese líder no comparte esas convicciones concretas, pero valora que muchos ciudadanos sí las tienen, y por eso va, para mostrar un respeto. Hablo en general, puede haber coyunturas u obligaciones que le impidan asistir aun acto determinado. Pero no se puede invocar para ello la laicidad.

La visita del Papa también ha generado protestas.

Cada grupo o tendencia social o cultural tiene su visión de cómo debe ser el bien común, y hay que respetarse mutuamente; es la base de una sociedad democrática. Algunos no deseaban la visita del Papa. Me gustaría recordarles que los cristianos estamos prestando un servicio social en parroquias, a través de Cáritas, a personas en apuros por la crisis económica, a enfermos y ancianos, contra la pobreza, la marginación,… No pido que eso se reconozca como un mérito, porque para nosotros es un mandato evangélico, pero sí rogaría un reconocimiento objetivo de esa realidad. Para los cristianos esta visita ha sido muy importante, y también los críticos deberían comprenderlo, por respeto mutuo.

La ceremonia del domingo contenía un elemento impactante para el espectador: cuando suben mujeres al presbiterio, lo hacen para limpiar.

El Papa había ungido el altar; fue ungido una vez, y no se volverá a ungir más. Según el ritual, hay que limpiarlo y poner los manteles, y muchas personas, hombres y mujeres, habrían querido hacerlo en el día de la dedicación de la Sagrada Família. El carisma de las religiosas que lo hicieron el domingo es estar al servicio del culto de catedrales y grandes iglesias, y ellas lo viven con alegría. Quizá conviene explicarlo. Pero había otra mujer, que leyó una lectura, y otra muy importante, que no se veía: la organista.

¿Cómo cree que ha vivido la visita la sociedad catalana?

Los catalanes somos tan autocríticos, que incluso nos cuesta celebrar una fiesta. Siempre nos fijamos más en lo negativo que en lo positivo. La autocrítica tiene valor, pero si es exagerada nos resta entusiasmo y nos quita la debida autoestima, porque podemos tenerla. Mucha gente ha trabajado en la preparación de la visita, incluso sin dormir, y ha salido bien. Valoremos eso. Nos quejamos de que fuera no nos conocen, decimos que no nos entienden, pero ¿cómo nos presentamos, no sólo en este campo sino en todos los campos? Con la autocrítica. Tenemos muchas cosas exportables y buenas, ¿por qué no las subrayamos? Esta celebración reaviva la autoestima de Catalunya y de la Iglesia, que lo necesitamos. Nos hemos dado a conocer en todo el mundo como buenos organizadores, y hemos dado a conocer aún más una obra que no todos los pueblos pueden - o saben-hacer: el templo de la Sagrada Família. El Papa lo ha reconocido y valorado.
   
   
   

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