30 de setembre de 2012

Derecho a consultar



No entiendo porque este miedo a que en Catalunya se consulte sobre su futuro. ¿Qué problema hay? ¿No consultó Hereu cómo queríamos la Diagonal? Nadie dijo nada de sacar el ejército a la calle. ¿Es que nos estamos volviendo locos? ¿Por qué esta falta de serenidad? Quizás porque tenemos miedo al resultado de esta consulta. Yo no soy independentista y casi nunca hablo de política en el blog. Pero me ponen nervios las actitudes pusilánimes. ¿Es que sólo hay una manera de ver y hacer las cosas? Pues resulta que no. El problema que veo en este asunto, que nos impide hablar con serenidad es que confundimos España con el estado español. ¡Que son cosas distintas! A ver si aprendemos tots plegats a hablar con serenidad. En mi casa no lo consigo. Tampoco lo intento demasiado. Mayormente, callo. Creo que por eso escribo esta entrada.

Copio un artículo de Jordi Barbeta publicado hoy en La Vanguardia.

"Cuando hace ochenta años las mujeres españolas se organizaron para reivindicar su derecho a votar, voces conservadoras, pero también supuestamente progresistas, se alzaron contra el sufragio femenino enumerando toda suerte de desgracias y cataclismos que asolarían la República. "¿En qué despeñadero nos meteríamos si hubiésemos de conceder el voto a las mujeres?", se preguntaba el catedrático y diputado Roberto Novoa: "Se haría del histerismo ley", se respondió a sí mismo.

No menos apocalípticos se han mostrado los dirigentes del PP y del PSOE, así como el Gobierno español y algunos hooligans mediáticos que deben inspirarse en la prensa serbia de los tiempos de Milosevic para reaccionar con todas las amenazas y represalias imaginables, tanques incluidos, total para hacer imposible la pretensión catalana, aprobada democráticamente por el Parlament, de decidir libremente a través de las urnas su futuro colectivo.

Si vens amb mi
No demanis un camí planer
Ni estels d'argent
Ni un demà ple de promeses sols
Un poc de sort
I que la vida ens doni un camí
Ben llarg


(Lluís Llach)

En España y mucho antes en Estados Unidos y en Australia las mujeres llevaron a cabo una sostenida lucha por su derecho a votar sin otras armas que la solidez de sus argumentos. Tardaron años en conseguir su objetivo, fueron víctimas de la represión, pero al final, ni las leyes, ni los poderes del Estado pudieron frenar aquel avance natural de la democracia. La causa del derecho a decidir que se plantea ahora en Catalunya conseguirá su objetivo si se defiende con la convicción, la perseverancia y el romanticismo que caracterizaron a aquellas mujeres rebeldes y sobre todo demócratas. La clave está en la simpatía del sufragismo. El sufragismo siempre generará más simpatías y más alianzas internas y externas que el amedrentamiento sobre las calamidades que se van a encontrar los catalanes si osan expresar democráticamente su voluntad colectiva. Y además, Catalunya, no tiene ninguna otra arma para conseguir su objetivo que la apelación a la democracia.

No estamos locos
que sabemos lo que queremos
vive la vida
igual que si fuera un sueño

(Ketama)

Los hombres negaban a las mujeres el derecho a decidir, porque querían decidir ellos y lo hacían sistemáticamente contra ellas. Por eso las mujeres se rebelaron. De la misma manera, Catalunya quiere decidir, por considerar que el Estado español -no confundir jamás con España- decide sistemáticamente en su contra, ya sea en asuntos fiscales y financieros, en cuestiones lingüísticas o en inversiones en infraestructuras... Lo más interesante de la explosión soberanista catalana es que responde más a una aspiración democrática que a un sentimiento nacional. No se trata de romper, sino de decidir, democráticamente, por supuesto.

El dato más significativo del sondeo que publica hoy La Vanguardia es que el 83,9% de los catalanes aspira a decidir. Es una mayoría democráticamente inexorable a la que se incorporan indistintamente los que se quieren ir y los que se quieren quedar... pero quedarse a gusto, claro.

Desde este punto de vista, el peor adversario del derecho a decidir no será la aterradora campaña que ya están llevando a cabo dentro y fuera de Catalunya los que temen perder su poder y sus privilegios. Ese es un dato constante del problema. Como el hecho de que el Estado va a utilizar todos sus instrumentos coactivos y disuasorios para mantener el statu quo. El peor adversario de la causa catalana será la impaciencia.

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.
Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.


(José Agustín Goytisolo)

Esa mayoría tan indiscutible a favor del derecho a decidir es el único instrumento con el que podrá contar el presidente de la Generalitat que salga de las urnas el 25-N para lograr el objetivo. Ya es evidente que el soberanismo catalán sólo puede aspirar a encontrar aliados en la democracia europea y para conseguirlos tendrá que cargarse de razones, agotando todas la vías legales hasta que la democracia española se rinda a la evidencia o hasta demostrar a la Unión Europea que la legislación española es incompatible con la democracia. Será, pues, un largo y tortuoso camino, como cantarían los Beatles, pero de momento, los acontecimientos evolucionan en un sentido muy favorable al derecho a decidir de los catalanes. Es fácil comprobarlo, comparando la prensa de Madrid con la internacional. Pedro J. Ramírez ya ha propuesto aumentar el presupuesto de Defensa y enviar tropas "no a Kosovo ni a Afganistán, sino un poco más cerca". Compitiendo en ardor guerrero, Juan Luis Cebrián ha recordado que "el ejercicio de las leyes no excluye la coacción física". El Financial Times, en cambio, editorializó: "Si Rajoy no hace un gesto plausible hacia las peticiones de Catalunya, el separatismo se volverá imparable sin importar lo que diga el Rey". El Frankfurter Allgemeine reconoció que "desde el punto de vista europeo , una Catalunya soberana podría encajar, aunque desde el punto de vista español sería una pesadilla".

1 comentari:

  1. Pues sí. Yo tampoco. Ojalá hubieran hecho eso con Vascongadas hace mil años. Si los vascos en mayoría (no mayoría de una minoría que vota) quieren el divorcio, ¿pa'qué tanta atadura? Lo mismo para Cataluña. Si los catalanes en mayoría lo quieren que se divorcien. Otra cosa será los acuerdos del divorcio. Porque si los jubilados que viven en Cataluña son jubilados españoles, y para los catalanes son como extranjeros que viven allí, entonces ahí estará el problema, por decir algo, como en la vida resl, esos acuerdos son lo más difícil.
    Si desde el principio se hubiese dejado esa libertad, igual la política hubiera sido bastante mejor. Nunca entendí que se vote a determinadas leyes en función de qué me das para mi comunidad, ¿están hablando de la ley que se tiene que aprobar o rechazar o de esas concesiones que se quería conseguir? En fin, se hubiera evitado esos chantajes y el Psoe y el PP no hubiera tenido más remedio que ponerse de acuerdo, que es lo que queríamos los españoles.
    Pues sí, yo también quiero que haya un referéndum, pero al que acuda todos los catalanes, no una parte de catalanes.

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