22 de juliol de 2013

Entrevista a Natalia Sanmartín



Al leer su novela, que me gustó mucho, como sabéis, intentaba imaginarme como sería ésta chica. Me ha encantado esta entrevista. Sólo una mujer como ésta podría escribir un libro como éste. ¡Felicidades, Natalia!

 


P.- ¿Por qué tantas editoriales internacionales han mostrado verdadero interés por tu libro?

Creo que confluyen varios factores:

- La historia es europea, transcurre en un pueblecito que está al norte de Francia, es un canto a la vieja cultura y tradición europea, al estilo de vida que ha reinado durante siglos en Europa, no se trata de una novela local, y además es fácil identificarse con la historia que se cuenta.

- Obviamente trata de que vivimos en un mundo lleno de ruido (exterior e interior) y la idea de que en el camino alocado que hemos emprendido durante los últimos años, no hemos sido conscientes de haber perdido cosas esenciales. Con independencia de la crisis, hay algo en el estilo de vida moderno que no está adaptado a la escala humana, que es estruendoso y desmesurado, que no funciona.

- Es una novela luminosa, que reivindica la búsqueda de tesoros como la belleza, el bien, la verdad, la amistad, la cortesía, la literatura, la delicadeza, el tiempo, la educación… y sobre todo en un momento oscuro como el que estamos viviendo.

- El último factor, el buen trabajo de un agente, esencial e indispensable para una novela inédita.

P.- ¿Cómo surgió la señorita Prim y ese mundo tan luminoso de San Ireneo de Arnois?

Yo quería escribir la historia que a mí me hubiese gustado leer, es más me hubiese gustado fundar San Ireneo de Arnois, el tipo de mundo que, aunque todo esté idealizado como en un cuento. En el fondo, la medida natural del hombre es más pequeña: para la reflexión, para las relaciones personales, para cultivar el intelecto y el alma… reivindicar esas cosas sencillas pero profundas que son columnas vertebrales de la naturaleza humana y de la vida en sociedad. A mí me interesa mucho la tradición europea, no solo del siglo XIX, sino también remontándome al siglo XIII, XI y a la antigüedad clásica, y creo que hemos llegado a un punto en que pensamos que las soluciones a los problemas están siempre delante, y entonces hacemos tabla rasa. A nadie se le ocurre hacer un ejercicio como es detenerse, mirar hacia atrás y pensar en lo que hemos perdido por el camino. Hemos ido cortando lazos en lugar de ir sumando experiencias de forma natural. Así los nuevos padres se esfuerzan en buscar compendios de pedagogía cuando quizá es más sensato recuperar los modos y valores en que ellos mismos fueron educados, e ir sumando. Es como la catedral que constituye una unidad armónica a costa de ir acumulando diferentes estilos en el tiempo. Así, integrarnos en esa tradición forma parte también de nuestra identidad, de nuestras raíces y nos da una base de la que en muchas ocasiones carecemos.

P.- Libro que es como un alegato por olvidar el individualismo salvaje y recuperar los valores sociales de las pequeñas sociedades.

Hay que intentar cambiar los puntos de vista: vivimos en un mundo donde las cosas parece que se ven desde una sola perspectiva, donde ni siquiera conocemos el nombre de nuestros vecinos, donde el individualismo y el estruendo impera, donde la ciudad parece el único camino ligado a la calidad de vida, donde no hay tiempo para nada y se lleva una vida deshumanizante. No estoy diciendo que este cuento plantee el acabar con las ciudades, sino el recuperar el valor de esos pueblos pequeños como núcleos urbanos que han ido existiendo a lo largo de la historia, y que se han ido abandonando pero que durante siglos vertebró Europa.

P.- Personajes muy reales que parecen respirar una atmósfera totalmente irreal.

Puede ser, de hecho, esta no pretende ser una novela realista, más bien un ideal. En la literatura de los últimos años hemos primado reflejar la parte oscura de la naturaleza humana, mientras que yo pienso que esa naturaleza está compuesta de una capacidad sublime para la belleza y para el bien, y también una capacidad tremenda para el mal. Yo he elegido la primera capacidad de la conducta humana como protagonista de mi libro: la generosidad, la gentileza, la cortesía, cuidar de alguien más que no sea uno mismo, buscar el tiempo para dedicarlo a tus vecinos, para reflexionar, para cultivar la mente y el alma, para la trascendencia, para la búsqueda…

P.- Tu libro es una huída de la monetarización del sistema, de la frustración que supone no hacer lo que uno realmente quiere.

Nos hemos creado un nivel de necesidad material que nos obliga a seguir desarrollando actividades que no nos gustan, pero que nos ayudan a mantener nuestro nivel de vida por encima de lo necesario. Hay gente que trabaja diez horas al día para retener ese estatus y en el fondo no disfruta de su familia. Es necesario cubrir las necesidades de una forma digna que permita disfrutar, sin embargo hemos llegado a un punto en que el éxito se mide por la monetarización de todo lo que tenemos, cuando no todo es material, sino que existen muchas cosas fundamentales que no son tan materiales o tecnológicas.

P.- Evasión de la actual realidad y reconciliación con ideales básicos se dan la mano en tu libro.

Buscaba abrir otra puerta, ofrecer otra visión. A mí, escribirlo y más en el momento convulso que vivimos me ha servido de escape: yo venía de la disparada prima de riesgo y del rescate bancario, y me metía en San Ireneo de Arnois para merendar con la señorita Prim. Sí la evasión es algo que todos buscamos a diario.

P.- Del periódico económico Cinco Días, como jefa de opinión, a ser creadora de este especial mundo literario…

Es que los periodistas económicos también somos seres humanos (risas). Normalmente cuando termino mi trabajo, y cierro el diario, desconecto por completo. Y eso no quita que al día siguiente esté al día de todo lo pendiente. Pero desconectar es algo necesario, y además antes de ser periodista soy lectora, necesito leer. Creo que es una de esas cosas que se han perdido, sobre todo por parte de los niños que han crecido con muchas imágenes pero no con libros. La lectura te lleva a nuevos mundos, aunque estén creados por otros. En este caso, el creador en minúscula he sido yo, de un mundo diferente, de unos personajes; abrir esa puerta y ponerse a escribir ha sido para mí todo un placer, aunque haya tenido que quitar muchas horas al sueño.

¿Qué lecturas te han ayudado a escribir El despertar de la señorita Prim?

El libro bebe mucho de lo que yo he leído. Tiene mucho de Elizabeth von Arnim, algo de Jane Austen, de Salinger, me gusta la literatura inglesa en general. Pero mi mayor influencia no viene de la novela sino de tres autores como C. S. Lewis, Ronald Knox, el cardenal John Henry Newman, y de los textos de patrística de los tres primeros siglos cristianos, y textos medievales de la escolástica de la que estoy perdidamente enamorada. Esto te puede dar a entender que soy mitad señorita Prim y mitad Hombre del sillón. Necesito rodearme de belleza, me gusta la poesía, me emociona la delicadeza y belleza de los paisajes, pero también tengo una parte muy racional y escolástica

P.- ¿Por qué uno de los protagonistas, el Hombre del sillón, no tiene nombre asignado?

Por un lado es un guiño a Elizabeth von Arnim, que tiene un libro de 1898 que se llama Elizabeth y su jardín alemán que es una verdadera delicia, y en el que ella retrata a su marido, un barón alemán con el que no se llevaba muy bien, y al que llama todo el tiempo el hombre airado. Y por otro lado, el libro está tratado desde el punto de vista de la señorita Prim, y esa es la forma que ella tiene de caricaturizar esa figura tan estricta.

Con Prudencia Prim buscaba un personaje que pudiese ubicarse en cualquier escenario europeo, sobre todo teniendo en cuenta, que el pueblo es resultado de la unión de gente de diferentes lugares. Ella es una mujer moderna, titulada, llena de autosuficiencia, pero al mismo tiene encima una rigidez tremenda, con un gran sentido del orden aunque luego se va flexibilizando.

P.- Si tuvieras que darle una ubicación geográfica real a San Ireneo de Arnois, ¿dónde sería?

Creo que lo ubicaría en Normandía, un espacio bello y acorde con la historia.

P.- En tu novela se respira el aire de la religión en la mayoría de sus páginas.

La religión está en todas partes aunque en la novela no haya utilizado términos teológicos o religiosos: es un pueblecito a la sombra de una abadía benedictina, se celebra la Navidad, el converso tradicionalista de misa en latín que protagoniza la historia (si ella busca la belleza, él ha llegado hasta donde está a través de la razón, en una búsqueda de la verdad) y que en el fondo es un escolástico convencido… aunque no utilice palabras concretas. De hecho, uno de los temas principales es la búsqueda de la trascendencia, pero desde la tradición espiritual europea.

P.- ¿Tienes ya nuevos proyectos que puedas comentar?

Por ahora ir viendo como se desarrolla esto que para mí es una aventura que acaba de empezar, seguir con mi trabajo en Cinco Días que también es muy absorbente e interesante, y poco más. No estoy escribiendo nada ni planificando nuevas ideas, solo seguir adelante con mi vida tanto personal como profesional. Poco a poco.

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