25 de maig de 2015

La verdad sobre Corea del Norte



Suki Kim, escritora nacida en Corea del Sur, narra la vida en Corea del Norte. entrevista publicada en La Vanguardia hace unos días. Un retrato del país más impenetrable, absurdo e injusto del planeta. Alucinante. Absolutamente espeluznante. ¿Y qué solución hay a ésto?

Pasó miedo?
Quería escribir sobre Corea del Norte y conseguí que me contrataran como profesora de inglés para los hijos de la élite. Sí, pasé miedo, cualquiera podía descubrirme y denunciarme.

Cuénteme cómo es ese país.
Es el más aislado y brutal del planeta según el último informe de la ONU. El más militarizado del mundo, todos los jóvenes deben prestar un servicio militar de diez años. Se sustenta sobre mitos similares a los que utiliza una secta para esclavizar a la población.

¿Viven sin cine, música, literatura...?
Todas las manifestaciones artísticas giran en torno al Gran Líder o fueron compuestas y escritas por él.

El 80% de la población pasa hambre.
Sí, y existen unos 120 gulags (campos de concentración) en los que están retenidas 200.000 personas. El resto vive sin liberad de movimiento ni de información.

¿Qué diferencia a las élites del resto?
La élite se concentra en Pyongyang, el resto de la población no puede entrar en la capital. Yo daba clases en una universidad exclusiva para 270 chicos. Ni alumnos ni profesores estábamos autorizados a abandonar el recinto, vigilado por guardias armadas femeninas, más aceptables para el profesorado extranjero.

Un país cárcel.
Todas las clases eran grabadas y antes de impartir una debía obtener la aprobación de los directores. Los estudiantes tenían la obligación de delatarse unos a otros, y estaba prohibido hablar del mundo exterior.

Universidad de Ciencia y Tecnología.
Sí, en la que muchos de los estudiantes optaban a una licenciatura en Informática pero no sabían de la existencia de internet.

¿Cómo se sentía?
Cuando vives aislada del mundo cada día es idéntico al anterior y no dejas de pensar en lo que quizás has dicho o hecho que no debieras... Me sentía como un insecto.

¡Como un insecto!
Pierdes la sensación de ser humano. Acabas deprimida, con sensación de náusea. La prohibición de comunicar te obliga a leer entre líneas, no puedes conversar y todo el mundo se observa, y eso es agotador.

¿Insinuó a los estudiantes que vivían en una gran mentira?
A la población se le insiste en que Corea del Norte es el país más avanzado del mundo; yo intentaba darles pistas sutiles de cómo era el mundo, pero luego entendí que conocer la realidad era peligroso para ellos.

Tampoco pueden salir del país.
No, por tanto esa información les frustraría.

Llegué a querer mucho a esos chicos e intenté abrirles la mente, que se centraran en ellos en lugar de en el Gran Líder.

Conocer la realidad les da la opción de rebelarse...
Las comunicaciones son inexistentes, todas las conversaciones telefónicas están controladas, la gente no habla entre sí y no existe la libertad de movimiento. Es imposible.

Que 25 millones de personas vivan así es repulsivo.
Es lo que lleva pasando desde hace 60 años. Es como vivir en la familia más abusiva del mundo. Los estudiantes están obligados a moverse en parejas para vigilarse y hay ejercicios semanales de autocrítica. Una rebelión se basa en la confianza mutua, allí nadie confía en nadie.

¿Y los otros profesores extranjeros?
Eran cristianos fundamentalistas y dedicaban su tiempo libre a leer la Biblia.

¿Qué le llevó allí, por qué quiso conocer esa realidad?
Hubo familias enteras que fueron separadas tras la guerra de Corea, entre ellas la familia de mi madre y de mi padre. Al huir de las bombas hacia el sur, uno de los hijos de mi abuela se perdió, y ella estuvo esperando su regreso hasta el día de su muerte.

No saber qué fue de él, angustioso...
Es peor que la muerte, no dejas nunca de preguntarte: estará vivo tras ese muro, a dos horas de casa (la distancia entre ambas capitales), o estará en uno de esos campos de concentración en los que nadie sabe qué ocurre dentro.

Entiendo.
El de mi familia es un caso más entre millones. Corea del Norte es una de las grandes injusticias de este mundo, y que no se hable de ello me parece inaceptable.

Otros decidieron por ellos.
La separación de Corea se realizó con tiralíneas en un despacho lejos de allí. No era una guerra entre coreanos, era la guerra fría. El hijo, el padre, el marido, la madre, el amante salieron por la mañana y ya no pudieron regresar a casa nunca más.

De vez en cuando permiten la llamada reunificación familiar.
A cien familias escogidas entre un millón les permiten un reencuentro de horas. Es una maniobra política muy controlada para crear esperanza en la población.

¿Sufre usted depresiones?
Constantemente, por eso escribí el libro, llevo una losa en el pecho. Desde Occidente, ese país cuyo mandatario se compara con el sol se ve como una broma, pero no lo es.

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