17 de novembre de 2015

Yihadismo 2


Interesante visión de Ahron Bregman, profesor de Estudios de la Guerra en el King’s College, exmilitar israelí, publicado hoy en La Vanguardia. Es una opinión.

Hace un año me dijo usted aquí: “Prepárense para el horror de una guerra global sin fin”...

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¿Qué debemos esperar ahora tras la masacre de París?

El Estado Islámico sufre una gran presión militar en Iraq y Siria y por eso ha tratado de distraer a sus seguidores dando un gran golpe en París. Cuanto más los ataquemos allí, más tratarán de respondernos aquí.

¿Cree que estamos preparados?

Por supuesto que no. Proteger nuestras calles es una cuestión de eficacia de los servicios de inteligencia y no de tanques y aviones. Nuestros servicios fallan una y otra vez, y no sé si serán más eficientes en el futuro.

¿Por qué no logran frustrarlos?

El problema es que están inspirados por tramas globales, como el Estado Islámico o Al Qaeda, pero sus atacantes son locales...

¿Y...?

Es mucho más fácil para nosotros liquidar a un terrorista en Iraq o Siria desde el aire que neutralizar a atacantes ciudadanos de tu propio Estado, con todos nuestros derechos, aunque los tengas fichados a todos. En el Reino Unido tenemos ya medio millar fichados.

¿Qué recomienda usted a los servicios de inteligencia?

Estamos en la era digital y deben adaptarse, porque el terrorismo ya lo ha hecho.

¿Cómo?

El talento necesario para frustrar ataques terroristas hoy se encuentra en las redes sociales, igual que las amenazas.

¿Qué hacer?

En vez de gastar tantos miles de millones en tanques, los servicios de inteligencia deberían destinar muchos más a reclutar a jóvenes nativos y nativas digitales expertos en el uso y manipulación de las redes sociales.

¿Por qué y para qué?

Porque en las redes se encuentran todos los datos definitivos para poder desbaratar la organización, la logística y las iniciativas de los militantes locales del Estado Islámico en cada país y en sus conexiones globales.

¿Los demás ciudadanos debemos utilizar la serenidad como la mejor arma?

Que nuestros líderes nos pidan a todos los ciudadanos una reacción de normalidad entra dentro de lo previsible...

¿Qué sugiere usted?

Durante los próximos meses, no sería extraño que volviéramos a ver ataques como el de París mientras se llenan las tiendas en Navidad y, al mismo tiempo, incrementamos la presión militar sobre el Estado Islámico.

No nos asuste más de lo imprescindible.

Pero reflexionemos: para mantener nuestra seguridad, debemos sacrificar alguna de nuestras libertades...

¿Puede ser más concreto?

París tendrá que avanzar en la misma dirección que Londres e instalar cámaras de vigilancia en toda la capital.

¿Tan protegido está ya Londres?

Contamos con una gran red de cámaras callejeras para prevenir ataques terroristas.

¿Por eso están más seguros en Gran Bretaña que en la Europa continental?

Y porque es más difícil introducir armas en el país. Aquí no somos inexpugnables –pueden atacarnos hoy mismo–, pero les costará más. El resto de Europa debería seguir al Reino Unido y mejorar el control fronterizo.

Cámaras, agentes juveniles en internet y fronteras más seguras... ¿Es todo?

Las cámaras no sólo previenen ataques detectando situaciones de riesgo y a los sospechosos, sino que acumulan una cantidad enorme de datos procesables e interpretables y, tras un ataque, el estudio de las imágenes es clave para mejorar la prevención.

¿Qué deberíamos hacer en Siria?

Las guerras civiles son largas y sangrientas porque su lógica bélica conduce a un equilibrio de fuerzas que ningún bando puede romper a su favor sin un desgaste terrible. Así que esta guerra no va a acabar pronto.

¿Entonces?

El Asad es un tipo malvado, pero no peor que las alternativas. De modo que debemos asumir que lo menos malo para nosotros es dejarlo en el poder. Además, con Rusia apoyándolo: o Moscú lo deja mandar o lo reemplazará por otro que le guste más. Por lo tanto, apoyemos al demonio conocido...

¿Enviamos más tropas a Siria?

Sabemos que sin tropas en tierra no se ganan las guerras, pero también que una vez las envías es muy difícil poder sacarlas de allí, como aprendimos en Vietnam o Afganistán.

¿Entonces...?

Intervengamos sólo cuando sea imprescindible para prevenir masacres de inocentes. Por lo demás, dejemos que la revolución de Oriente Próximo, para mí comparable a la rusa o a la francesa, se agote y emerja una nueva realidad estable: un nuevo mapa.

¿Cómo nos protegemos mientras?

Sellando nuestras fronteras y dando un gran abrazo integrador a los musulmanes con quienes convivimos –esa potencial quinta columna– para ofrecerles todos nuestros beneficios y oportunidades. Francia debe integrar mejor a los franceses musulmanes. Sólo así eliminaremos cualquier tentación de que nos ataquen desde dentro.

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