6 d’abril de 2016

"Todos nuestros ayeres"


Todos nuestros ayeres
Natalia Ginzburg (1952)
Lumen 2016

Leí este libro en el 2000, y me gustó muchísimo. Este mes lo propuse para el Club de Lectura, y lo volví a leer. Lo han reeditado con motivo del centenario del nacimiento de la autora. La traducción es de Carmen Martín Gaite.

Es un modo de narrar muy original, sin diálogos, sin juzgar a los personajes, ni describir sus sentimientos. Simplemente por lo que van haciendo el lector se va haciendo cargo de sus personalidades. hay muchos personajes, aunque centrados en dos familias que viven en dos casas enfrentadas en la misma calle. Una pequeño burguesa y la otra propietaria de una fábrica de jabón. A veces da la impresión que la autora narra desde al visión de Anna, una chica simplona y perezosa. Para mi, las grandes protagonistas de esta historia son la soledad y la guerra. Está situada en Italia desde el comienzo hasta el fin de la IIGM. La guerra sin vivirla directamente, influye en el desarrollo de la acción y los personajes. Muy bueno. Un 10.

"A veces basta la mirada ingenua de una chiquilla para arrancar una historia que cambiará la vida de dos familias y del mundo entero. Anna, un bicho triste y perezoso en palabras de la propia Ginzburg, es esa niña apocada que vive en un pueblo del norte de Italia en los años previos a la segunda guerra mundial y se enamora de los juguetes de su vecino; es también la joven que casi sin protestar se somete a la violencia del sexo, y es la mujer que sigue a Cenzo Rena, un hombre treinta años mayor que ella, a un lugar inhóspito del Sur tras convertirse en su esposa.

Anna calla, mientras todos a su alrededor hablan y gesticulan: hay quien pasa las noches tramando atentados contra Mussolini, otros que se pasean en coches descapotables o se fugan de repente, y algunas que sufren mal de amores mientras cosen el ajuar. Al principio los dramas íntimos dominan la escena y lo que ocurre más allá de las cuatro paredes es algo lejano, pero la guerra no perdona. Con las bombas llegan las decisiones importantes y los actos extremos: el escenario se abre, respira dolor, pide dignidad, y el miedo es moneda común. Cuando finalmente todo acaba, los pocos que sobreviven tendrán que vérselas con un vacío lleno de preguntas sin respuesta. Anna, viuda ya, mira ahora con los ojos bien abiertos, como testigo firme de una generación que no pudo elegir porque la Historia con mayúscula decidió por todos."

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