16 de març de 2015

¿Religión en la escuela?


Artículo de JAUME PUJOL BALCELLS, publicado en La Vanguardia hace unos días, cuando se
supo los contenidos de la asignatura de Religión según la LOMCE, y se armó un revuelo increíble. ¡Si es una materia optativa! Alucino. Su artículo, un ejemplo de mesura, colocando las cosas en su lugar.

"La publicación del currículo de religión y moral católica en el BOE ha suscitado una polémica desmedida y sorprendente que no responde a la realidad. Me gustaría explicar y aclarar algunas de las cuestiones que estos días se han planteado.

La educación de los niños y los jóvenes es un deber que tienen los padres y madres, que tienen el derecho a buscar la educación religiosa y moral que esté más de acuerdo con sus convicciones. El Estado tiene una función subsidiaria de este deber y por eso se asegura de que todos los niños y jóvenes estén escolarizados hasta los dieciséis años y reciban una educación de calidad y en libertad.

La enseñanza de la religión en la escuela se ha llevado a cabo a lo largo de todo el periodo democrático de nuestro país, como una enseñanza de carácter optativo para los alumnos, que libremente pueden escogerlo o no, y obligatorio en su oferta por parte de los centros. Así se respeta el derecho de aquellos padres que quieren que sus hijos cursen religión y moral católica, y también de otras confesiones religiosas, y el derecho de los que no quieren que sus hijos tengan esa enseñanza confesional. Es bueno recordar que en todos los países democráticos de la Unión Europea se imparte la asignatura de religión en la escuela de un modo u otro, con la excepción de Francia, aunque el gobierno del socialista Lionel Jospin intentó reintroducirla cuando una comisión de expertos le aconsejó que así lo hiciera porque "el olvido y la ignorancia de la religión podía tener consecuencias catastróficas para la cultura en general y la memoria colectiva".

Estoy convencido de que la enseñanza de la religión católica en la escuela contribuye a la educación integral de las generaciones jóvenes, tan necesitadas hoy de conocimientos que les ayuden a entender el mundo y el país en que viven, y a la vez que les aporten valores sólidos necesarios para construir a la propia persona. Valores que determinan la manera de ver la vida y de comportarse con respeto y tolerancia. La propuesta que se les hace desde la clase de religión busca este objetivo. No es el único ámbito donde estos conocimientos y valores se pueden obtener, ciertamente, pero para las familias que confían en la Iglesia como "maestra de humanidad", tal como afirmaba Pablo VI, la clase de religión es un medio indispensable y muy positivo.

El texto oficial afirma que "conviene subrayar que lejos de la finalidad catequética o del adoctrinamiento, la enseñanza de la religión católica ilustra a los estudiantes sobre la identidad del cristianismo y la vida cristiana". Sabemos bien que el lugar adecuado para la catequesis es la familia y la parroquia. En la clase de religión no se hace catequesis y no queremos que se haga. Los profesores de religión saben distinguir el ámbito donde realizan su función docente y con qué pedagogía y didáctica tienen que presentar los contenidos del cristianismo a los alumnos como en cualquier otra área escolar.

Se ha afirmado y se ha repetido, haciendo caricatura, que el nuevo currículo hacía rezar otra vez en clase. Eso no es verdad, pero para conocer la religión católica, creyentes y no creyentes, tienen que saber qué significa rezar o cuáles son los ejemplos prácticos de plegaria, tal como sucede en cualquier otra confesión religiosa. Pero ni se presupone la fe del alumno, ni se enseña a rezar.

Se ha afirmado que es la primera vez que se publica el currículo aprobado por los obispos en el BOE y no es así. Todos los currículos se han publicado, con gobiernos de varios colores políticos, y no solamente los de la religión católica sino también los elaborados por responsables religiosos de todas las confesiones que tienen el reconocimiento estatal.

Se ha dicho también que no se tenía en cuenta la explicación de las otras tradiciones religiosas, especialmente el judaísmo. Eso no es cierto. ¿Cómo podríamos explicar la Historia de la Salvación sin hablar del pueblo de Israel con quien compartimos el Antiguo Testamento y a quienes consideramos "nuestros hermanos mayores en la fe"?

En las diócesis de Catalunya contamos con un equipo de buenos maestros y profesores de religión, muy bien preparados que tratan de hacer aquello que el papa Francisco hace pocos meses decía en un encuentro de "toda" la escuela italiana: "En la escuela no sólo aprendemos conocimientos, contenidos, sino que también aprendemos costumbres, y valores. Se educa para conocer las cosas, es decir, los contenidos importantes, para tener determinadas costumbres, y también para asumir valores".

Espero que, con toda libertad y con responsabilidad, los padres y madres y los jóvenes tomen la decisión más adecuada en el precioso camino de la educación."

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