Un grupo de seis astronautas lleva a cabo una misión rutinaria en la Estación Espacial Internacional, en la órbita terrestre baja. La de Pietro, italiano, es monitorizar los microbios presentes en la nave. Chie, la tripulante japonesa, cultiva cristales de proteínas y, al igual que sus compañeros, es objeto de estudio del impacto de la microgravedad en el funcionamiento neuronal. Shaun, el americano del grupo, observa qué les ocurre a las raíces de las plantas ante la falta de luz y gravedad para saber cuándo y cómo poder cultivarlas. Nell, del Reino Unido, recoge los datos que le proporcionan sus cuarenta ratones acerca del desgaste muscular en el espacio. Roman y Anton, que ocupan el módulo ruso, están al cargo del mantenimiento del generador de oxígeno. Todos deben informar sobre sus cefaleas; todos se acercan en algún momento a las ventanas de observación y fotografían los lugares que les han sido asignados; todos cambian los detectores de humo, limpian el baño y la cocina, arreglan el inodoro. Y luchan contra la disipación de sus cuerpos para no volver a casa con los huesos frágiles y débiles como corderos. Cada uno de ellos pasará en la estación seis meses, más de ciento ochenta días en los que darán unas dieciséis vueltas diarias a la Tierra. En las más de cuatro mil horas que vivirán en el espacio reflexionarán acerca de qué los ha llevado a ser astronautas y hasta qué punto lo que están viviendo ahora se parece a lo que habían imaginado entonces.
08/05/2025
Orbital
Un grupo de seis astronautas lleva a cabo una misión rutinaria en la Estación Espacial Internacional, en la órbita terrestre baja. La de Pietro, italiano, es monitorizar los microbios presentes en la nave. Chie, la tripulante japonesa, cultiva cristales de proteínas y, al igual que sus compañeros, es objeto de estudio del impacto de la microgravedad en el funcionamiento neuronal. Shaun, el americano del grupo, observa qué les ocurre a las raíces de las plantas ante la falta de luz y gravedad para saber cuándo y cómo poder cultivarlas. Nell, del Reino Unido, recoge los datos que le proporcionan sus cuarenta ratones acerca del desgaste muscular en el espacio. Roman y Anton, que ocupan el módulo ruso, están al cargo del mantenimiento del generador de oxígeno. Todos deben informar sobre sus cefaleas; todos se acercan en algún momento a las ventanas de observación y fotografían los lugares que les han sido asignados; todos cambian los detectores de humo, limpian el baño y la cocina, arreglan el inodoro. Y luchan contra la disipación de sus cuerpos para no volver a casa con los huesos frágiles y débiles como corderos. Cada uno de ellos pasará en la estación seis meses, más de ciento ochenta días en los que darán unas dieciséis vueltas diarias a la Tierra. En las más de cuatro mil horas que vivirán en el espacio reflexionarán acerca de qué los ha llevado a ser astronautas y hasta qué punto lo que están viviendo ahora se parece a lo que habían imaginado entonces.
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