04/12/2009

Animación en arena de Kseniya Simonova

Fijaos que preciosidad. En el blog de Nuria Chinchilla hay una explicación del significado, aunque se intuye bastante. en todo caso, mejor leerlo después. Ucrania llora los muertos en la 2ª guerra mundial. Para mí tiene todo lo que se necesita para que sea arte: expresión, inmediatez, belleza. Y además la artista es guapísima. Ganadora de un "Tienes talento" de Ucrania.

02/12/2009

Aborto y realidad social

Este sábado leí en El Mundo (que no leo nunca, pero estaba en Madrid) un artículo de Isabel San Sebastán muy bueno. Si legalizamos el aborto porque es una realidad social, ¿por qué no legalizamos tembién la violencia de género? También es una realidad social. Lo copio:

Es tramposo ampararse en la realidad social para justificar la necesidad de liberalizar el aborto e invocar esa misma realidad para implicarnos a todos en la tarea de erradicar la violencia doméstica. ¿En qué quedamos? ¿Asumimos la realidad social como algo inmutable o la combatimos cuando resulta perversa? Argumentan los defensores de la ley, celebrada en el Congreso con una gran ovación progresista, que 112.000 abortos el año pasado en España son otras tantas razones para convertir ese hecho en un derecho ordenado legalmente.

Puesto que se aborta y siempre se ha abortado -se nos viene a decir- demos por bueno el aborto. Y es exactamente lo que han hecho: han transformado un fracaso en una conquista. Han cargado sobre la mujer, sólo sobre la mujer, la responsabilidad de matar a su propio hijo como única forma de escapar a una situación difícil. Le han negado cualquier alternativa, puesto que nadie habla de ayudas a la adopción o a la maternidad en ese texto parido por tres mujeres que ignoran lo que es ser madre (Aído, Pajín y Murillo). Y pretenden convencernos de que nos han hecho un gran favor.

Vayamos ahora a esa otra realidad social que es la violencia en el hogar: 135.000 denuncias presentaron el año pasado las mujeres víctimas de esta lacra. 78 fueron asesinadas por sus parejas. ¿No son suficientemente elocuentes esas cifras que se repiten de año en año? ¿No deberían llevarnos a concluir que esta tragedia es una realidad social con la que hay que convivir civilizadamente, acotando, por ejemplo, la dureza con la que un hombre puede golpear a su mujer, tal como propugnan algunos líderes musulmanes? ¿No sería recomendable legislar los límites de la violencia de género considerando que estamos ante una acción que el hombre ha ejercido históricamente de facto? A nadie se le obligaría a pegar a su mujer, como a nadie se le obliga a abortar, pero se consagraría esa posibilidad democráticamente.

¿Verdad que es un disparate? ¿Verdad que a nadie en su sano juicio se le pasa por la cabeza tamaña barbaridad? Pues extrapolen al aborto y dígame dónde está la diferencia.

Lo cierto es que a quienes han votado esta ley del aborto no les parece un mal menor sino un bien mayor, y como tal lo defienden. Pues bien; déjense de justificaciones baratas, sean coherentes con sus propias convicciones y sigan con su política de muerte. Pero al menos actúen con sinceridad al redactar su próximo programa electoral e incluyan la eutanasia (aunque sea bajo la denominación de «muerte digna») como promesa estrella para la tercera edad. Así sabrá todo el mundo a qué atenerse.

01/12/2009

Goodbye, España, de Mercedes Salisachs

"Goodbye, España"
Mercedes Salisachs
mr ediciones 2009
Premio 2009 de Novela Histórica Alfonso X el Sabio

Victoria Eugenia de Battenberg regresa a España para amadrinar a su bisnieto Felipe en su bautizo, después de más de 30 años de exilio. A través de estos cinco días va recordando lo que ha sido su vida, desde que conoció a Alfonso y su boda hasta el fallecimiento de éste.

Llena de intrigas, desengaños, dolores, y momentos felices, la autora nos recrea lo que fue la España de la segunda República y la guerra civil. Interesante, sitúa bien en la época y los hechos. Es admirable que la autora a sus años tenga esta facilidad para escribir. El estilo me resulta un poco barroco, lleno de personalizaciones y adjetivos sustantivados encadenados. Para los que nos cuesta la historia en estado puro y necesitamos entretenerla. Un 8.

29/11/2009

La fórmula preferida del profesor, de Yoko Ogawa

"La fórmula preferida del profesor"
Yoko Ogawa
Funambulista 2008

En esta novela se nos cuenta delicadamente la historia de una madre soltera que entra a trabajar como asistenta en casa de un viejo profesor de matemáticas que perdió en un accidente de coche la memoria (mejor dicho, la autonomía de su memoria, que sólo le dura 80 minutos). Apasionado por los números, el profesor se encariña cada día con la asistenta y su hijo de 10 años, al que bautiza «Root» («Raíz Cuadrada» en inglés) y con quien comparte la pasión por el béisbol, hasta que se fragua entre ellos una verdadera historia de amor, amistad y transmisión del saber, no sólo matemático…
El modo de escritura se me ha hecho un poco extraño, no sé si porque la autora es japonesa. Este libro ha sido un auténtico fenómeno en Japón, que en dos meses vendió un millón de ejemplares, además de hacer película, cómic y CD. Arranca muy bien pero después pierde fuelle, es un poco repetitivo. El fondo es muy bonito, como la asistente y su hijo intentan que el rato que el profesor esté con ellos sea lo más agradable posible. Es difícil porque tienen que ponerse en su lugar y, por ejemplo, no poner nunca cara de asombro ni extrañarse por la carencia del anciano, que no recuerda nada de lo que ha pasado hace ochenta minutos, ni a las personas que trata. Cada día han de repetirle quienes son... Pero se desviven por él, son de una delicadeza humana asombrosa. Muy buen fondo. Un 8.

Ponyo en el acantilado

Preciosa película para los más pequeños. Versión de "La sirenita de Copenaghe". Mi sobrino de cuatro años que se pasa el día matando dracs con cualquier cosa que tenga a mano, considerando un drac cualquier persona que se le ponga por delante (es decir, que es un bestia), la vio sin pestañear, y al terminar pidió volver a verla inmediatamente. Una ternura. Japonesa. DeCine21.

"Tout est pourri", todo está podrido.

Rafael Alvira publica este artículo en La Gaceta de los negocios, sobre la corrupción y el escándalo en España. ¿Solución? "la potenciación moral de las familias y los centros educativos." Enseñantes, a ponernos las pilas, sobre todo, porque creo que tiene razón. Copio.





Actualmente el ser humano está comenzando a perder el sentido físico del olfato. La tenaz guerra contra los malos olores y la confianza en que los alimentos que se nos venden son saludables —aunque todos de un modo u otro "plastificados"—, hacen que nuestra nariz ya sólo sirva para respirar o para el toque estético. Y, sin embargo, el olfato de la inteligencia se empieza a desarrollar cada vez más: es la necesidad de captar lo que pasa a nuestro alrededor, lo que sucede de verdad, más allá de las apariencias. Cabía prever que esto sucedería. Toda sociedad, como la nuestra, que vive de las apariencias, ha de empujar a la gente a afinar su olfato frente a la corrupción. No es nuevo. Ya en el siglo XIX francés era común la frase: "tout est pourri", todo está podrido.    El origen de la corrupción personal y social es fácil de detectar: consiste en convertir lo público en privado y lo privado en público. De ese modo, todo pierde su verdadero ser. Se entiende por corrupción en política el utilizar para beneficio privado lo público. A usar lo privado como público no le solemos llamar corrupción, sino escándalo, pero en el fondo es lo mismo.

Quien vende su vida privada haciéndola de dominio público, la corrompe. En un caso hemos perdido el ser, la verdad, de lo público, por un inadecuado interés privado. En el otro, hemos perdido la verdad de lo privado por un inadecuado interés individual. En su autenticidad, público y privado no se contraponen, sino que se complementan. Si la esfera pública es correcta, la vida privada se beneficia de ello. Pero hoy se ha olvidado que la calidad de lo público depende de la calidad de lo privado mucho más que al revés. Quien no obra correctamente en lo privado —y, por tanto, lo desvirtúa— trasladará más tarde o más temprano su experiencia vital, sus costumbres, su ética, a lo público.

Se pretende que lo privado es el ámbito del vale casi todo, mientras que lo público funciona perfectamente según reglas. Pero ya los romanos lo sabían perfectamente: quid leges sine moribus, ¿de qué sirven las leyes sin las buenas costumbres, sin la ética? Leyes y reglas no pueden de ningún modo sustituir a la ética. Cuando las personas obran bien, el derecho sirve para reforzar su poder correcto. Cuando las personas no saben obrar bien, el derecho se convierte en un instrumento para incrementar el poder corrupto. La ética no tiene sustituto válido, como tampoco la religión. La situación actual no es ninguna broma: no es que nos olfateemos la corrupción de los políticos; eso ya es consabido. Lo que ahora sucede es que incluso nos entran serias dudas sobre los jueces y sobre la policía. Y eso sí que ya es tocar fondo. Un fondo del que no nos rescatarán en España sino la toma de conciencia ética de la minoría dirigente y, sobre todo, la potenciación moral de las familias y los centros educativos.

20/11/2009

El embrazo es contrarrevolucionario

Copio un artícula aparecido en El Diario de Cádiz, de Enrique García Maiquez, Actividad contrarrevolucionaria.

La homosexualidad ejerce un magnetismo indudable sobre nuestros legisladores y sobre el imaginario cultural de los últimos tiempos. Me consta que a algunos homosexuales les incomoda tanto protagonismo y tanto interés político, por no hablar del alipori que les produce el Día del Orgullo Gay. Quizá lo que de un modo oscuro les atrae de la homosexualidad, entre otras cosas, a los adalides de lo políticamente correcto es su condición de método anticonceptivo infalible, como la masturbación, que promocionan sin descanso. A poco que nos fijemos, el común denominador de bastantes pulsiones progresistas es el rechazo de la vida nueva.

Tiene su lógica. ¿Han visto ustedes algo más reaccionario que un embarazo? Nada de igualdad de sexos. Desde el inicio hasta el final, hay un reparto de papeles radicalmente diferenciado. Además, con frecuencia, la mujer, que suele ser muy ejecutiva y eficaz en su trabajo, sufre cierta merma en sus capacidades profesionales y a veces no le queda más remedio que darse de baja. El hombre, en cambio, recibe una descarga de responsabilidad y otra, muy curiosa, de caballerosidad. Por muy igualitarista que fuera, se encuentra de pronto llevando todas las bolsas y abriendo y cerrando las puertas al paso de su señora, como un gentilhombre del siglo XVIII.

No hay mejor campaña antiaborto que un embarazo. Desde el instante en que el test da positivo, los padres se pasman ante la trascendencia de lo acontecido y no hablan sino de su bebé y se alarman ante cualquier pequeño riesgo y cuentan las semanas una y otra vez y se meten en Internet a intentar leer todas las páginas web sobre la gestación. Mucho antes de haber alcanzado los plazos que la ley permite para abortar, los padres ya han visto varias ecografías, y tienen fotos, y vídeos que ponen a familiares y amigos heroicos. ¿Quién es capaz de explicarles ahora que su hijo no es un ser humano con un valor absoluto, eh?

Los padres olvidan sus derechos adquiridos y esperan, alborozados, los nuevos deberes. Si eso no fuera suficientemente antimoderno, el embarazo es, en sí, un epítome de la tradición. La vida, que los padres recibieron de sus padres, se transmite al hijo, y con ella una cultura y unas -las que sean- creencias. El embarazo es el centro (ombligo) de la institución familiar.

Y luego está el sexo. Lo políticamente correcto es el género como creación artificial, que depende de nuestra voluntad. Pero el embarazo, tan recalcitrante, opina lo contrario. El momento de conocer el sexo de la criatura es esencial. Entonces su persona se hace presente de una forma mucho más nítida y adquiere su perfil en las conversaciones familiares y, sobre todo, su nombre. Es la apoteosis del sexo como elemento constitutivo natural del individuo.

A nuestros ingenieros sociales los embarazos les producen mareos, náuseas, ciáticas. Normal: son una actividad contrarrevolucionaria.

15/11/2009

Un obispo contra los sepultureros.

Copio un artículo bastante cáustico, como siempre, de Juan Manuel de Prada. Comenta las reacciones a las declaraciones del secretario general de al Conferencia Episcopal Española, Martínez Camino, sobre la nueva ley del aborto.


    ACEPTEMOS la versión del descreído; aceptemos que la Iglesia católica es una mera sociedad humana, al estilo de un club de fútbol. Si un dirigente de un club de fútbol, invocando los estatutos de la sociedad que representa, advirtiera a los socios que el impago de las cuotas determina la expulsión del club, nadie se sentiría ofendido o amenazado: a quienes no perteneciesen al club, la advertencia del directivo les importaría un ardite; y a quienes sí perteneciesen, tal advertencia sólo les recordaría que, al ingresar en dicho club, aceptaron cumplir con las obligaciones que se establecen en su estatuto. Pero llega el obispo Martínez Camino y advierte a los católicos, invocando la doctrina de la Iglesia, que quien apoya el aborto no puede comulgar, o que quien lo perpetra incurre en excomunión, y tanto los descreídos como algunos sedicentes católicos se sienten ofendidos o amenazados. ¡Extraña reacción!

    Unos y otros acaban tachando las palabras de Martínez Camino de «intromisión» en un ámbito que no le compete. Pero lo cierto es que Martínez Camino ha permanecido quietecito en el único ámbito que le compete, que es el de la ley de Dios o, dicho desde la perspectiva de un descreído, el de las normas que regulan la pertenencia al club que representa. Existe una confusión creciente en torno a lo que debe considerarse ámbito político y ámbito religioso. Si la política se enreda en cosas temporales, los obispos no deben intervenir; pero si la política invade los fundamentos éticos que se desprenden de la misma naturaleza humana, los obispos tienen la obligación irrenunciable de intervenir. Si no lo hicieran, estarían renegando de su ministerio; y, desde ese mismo instante, dejarían de ser obispos. Martínez Camino no ha hecho sino recordar lo que establece el catecismo de la Iglesia católica; en lo que cumple con su obligación, que no es otra sino predicar sobre los terrados lo que un día Cristo le susurró al oído.

    Decía Chesterton que necesitamos curas que nos recuerden que vamos a morir; pero -añadía- mucho más necesitamos curas que nos recuerden que estamos vivos. Las declaraciones de Martínez Camino nos demuestran que es un cura de la segunda especie; o, dicho más propiamente, un cura capaz de resucitar a un muerto. Porque, desde luego, una sociedad que acepta el aborto es una sociedad fiambre; y los políticos que se creen investidos del poder para convertir un crimen en un derecho son sus sepultureros. A los sepultureros les jode sobremanera que un cura pronuncie palabras capaces de resucitar a un muerto; y enarbolan el azadón y la pala, dispuestos a descalabrarlo, por no dejarles desempeñar su oficio en paz, que es la paz de los muertos. Y es que las palabras de Martínez Camino, al fin y a la postre, apelan a principios antropológicos y éticos arraigados en nuestra naturaleza; principios tan evidentes como que la vida humana tiene que ser respetada y protegida en todas sus fases, pero muy especialmente allá donde más frágil e indefensa se halla. Y es natural que quienes han introducido la amoralidad como cimiento de la acción política, quienes han declarado abolidos todos los principios como medio para alcanzar los fines más execrables, quienes niegan la posibilidad de fundar las leyes sobre un razonamiento ético objetivo, quienes -en definitiva- conciben la política como una asociación organizada para la libre delincuencia que «legitima» los crímenes mediante la mera aritmética parlamentaria se revuelvan furiosos, al comprobar que las palabras de Martínez Camino hacen rebullir en el ataúd a quien ya creían muerto.

    Para atreverse a resucitar a una sociedad que yace en el ataúd hace falta, desde luego, tenerlos muy bien puestos. Y es que los buenos curas, los curas capaces de resucitar a un muerto, deben ser célibes, pero en modo alguno eunucos.

14/11/2009

El cerebro del hombre y el de la mujer

Genial!

El hombre inquieto, de Henning Mankell

 
"El hombre inquieto"
MANKELL, Henning
Tusquets Editores 2009

La vida del inspector Kurt Wallander ha cambiado ligeramente: no sólo ha hecho realidad su sueño de tener una casa en el campo, sino que, además, su hija Linda lo ha convertido en abuelo. Sin embargo, su tranquilidad se ve perturbada poco después, un día de invierno de 2008, cuando el suegro de Linda, un oficial de alto rango de la Marina sueca llamado Hakan von Enke, desaparece en un bosque cerca de Estocolmo. Aunque la investigación la dirige la policía de Estocolmo, Wallander no puede evitar implicarse, sobre todo cuando una segunda persona desaparece en misteriosas circunstancias.

Como ya anunció el autor, éste es el último libro de la serie Wallander, aunque no resulta muerto. La verdad es que me encanta esta autor y este protagonista. La trama engancha, no es morbosa, y está plagada de pequeños detalles que hacen que Kurt Wallander sea profundamente creíble. Sus desesperanzas, miedos, intuiciones, gripes, paseos al perro, catarros, iras, caprichos y un profundo anhelo trascendente que no sabe satisfacer porque para él Dios no existe, no sabe qué ni Quien es, no lo conoce. Tiene sesenta años, (en el primero de los libros de la serie tiene cuarenta años, padre divorciado con una hija adolescente), se enfrenta a la próxima jubilación y tiene pavor a envejecer y parecerse a su padre. Por otra parte es un buen hombre que se hizo policía para estar en el bando "correcto" y ayudar a librar su ciudad de "alimañas", con un comportamiento personal bastante ético. Produce ternura. Hay numerosas referencias a libros anteriores, pero no suponen una dificultad para los que no los han leído.

Curiosamente he adivinado la trama. No sé si es intención del autor que así ocurra. Quizás se lo pregunte.