01/09/2011

Vargas Llosa opina sobre la JMJ

Fuente: El País

Bonito espectáculo el de Madrid invadido por cientos de miles de jóvenes procedentes de los cinco continentes para asistir a la Jornada Mundial de la Juventud que presidió Benedicto XVI y que convirtió a la capital española por varios días en una multitudinaria Torre de Babel. Todas las razas, lenguas, culturas, tradiciones, se mezclaban en una gigantesca fiesta de muchachas y muchachos adolescentes, estudiantes, jóvenes profesionales venidos de todos los rincones del mundo a cantar, bailar, rezar y proclamar su adhesión a la Iglesia católica y su "adicción" al Papa ("Somos adictos a Benedicto" fue uno de los estribillos más coreados).
Salvo el millar de personas que, en el aeródromo de Cuatro Vientos, sufrieron desmayos por culpa del despiadado calor y debieron ser atendidas, no hubo accidentes ni mayores problemas. Todo transcurrió en paz, alegría y convivencia simpática. Los madrileños tomaron con espíritu deportivo las molestias que causaron las gigantescas concentraciones que paralizaron Cibeles, la Gran Vía, Alcalá, la Puerta del Sol, la Plaza de España y la Plaza de Oriente, y las pequeñas manifestaciones de laicos, anarquistas, ateos y católicos insumisos contra el Papa provocaron incidentes menores, aunque algunos grotescos, como el grupo de energúmenos al que se vio arrojando condones a unas niñas que, animadas por lo que Rubén Darío llamaba "un blanco horror de Belcebú", rezaban el rosario con los ojos cerrados.

Hay dos lecturas posibles de este acontecimiento, que EL PAÍS ha llamado "la mayor concentración de católicos en la historia de España". La primera ve en él un festival más de superficie que de entraña religiosa, en el que jóvenes de medio mundo han aprovechado la ocasión para viajar, hacer turismo, divertirse, conocer gente, vivir alguna aventura, la experiencia intensa pero pasajera de unas vacaciones de verano. La segunda la interpreta como un rotundo mentís a las predicciones de una retracción del catolicismo en el mundo de hoy, la prueba de que la Iglesia de Cristo mantiene su pujanza y su vitalidad, de que la nave de San Pedro sortea sin peligro las tempestades que quisieran hundirla.

Una de estas tempestades tiene como escenario a España, donde Roma y el gobierno de Rodríguez Zapatero han tenido varios encontrones en los últimos años y mantienen una tensa relación. Por eso, no es casual que Benedicto XVI haya venido ya varias veces a este país, y dos de ellas durante su pontificado. Porque resulta que la "católica España" ya no lo es tanto como lo era. Las estadísticas son bastante explícitas. En julio del año pasado, un 80% de los españoles se declaraba católico; un año después, solo 70%. Entre los jóvenes, 51% dicen serlo, pero solo 12% aseguran practicar su religión de manera consecuente, en tanto que el resto lo hace solo de manera esporádica y social (bodas, bautizos, etcétera). Las críticas de los jóvenes creyentes -practicantes o no- a la Iglesia se centran, sobre todo, en la oposición de ésta al uso de anticonceptivos y a la píldora del día siguiente, a la ordenación de mujeres, al aborto, al homosexualismo.

Mi impresión es que estas cifras no han sido manipuladas, que ellas reflejan una realidad que, porcentajes más o menos, desborda lo español y es indicativo de lo que pasa también con el catolicismo en el resto del mundo. Ahora bien, desde mi punto de vista esta paulatina declinación del número de fieles de la Iglesia católica, en vez de ser un síntoma de su inevitable ruina y extinción es, más bien, fermento de la vitalidad y energía que lo que queda de ella -decenas de millones de personas- ha venido mostrando, sobre todo bajo los pontificados de Juan Pablo II y de Benedicto XVI.

Es difícil imaginar dos personalidades más distintas que las de los dos últimos Papas. El anterior era un líder carismático, un agitador de multitudes, un extraordinario orador, un pontífice en el que la emoción, la pasión, los sentimientos prevalecían sobre la pura razón. El actual es un hombre de ideas, un intelectual, alguien cuyo entorno natural son la biblioteca, el aula universitaria, el salón de conferencias. Su timidez ante las muchedumbres aflora de modo invencible en esa manera casi avergonzada y como disculpándose que tiene de dirigirse a las masas. Pero esa fragilidad es engañosa pues se trata probablemente del Papa más culto e inteligente que haya tenido la Iglesia en mucho tiempo, uno de los raros pontífices cuyas encíclicas o libros un agnóstico como yo puede leer sin bostezar (su breve autobiografía es hechicera y sus dos volúmenes sobre Jesús más que sugerentes). Su trayectoria es bastante curiosa. Fue, en su juventud, un partidario de la modernización de la Iglesia y colaboró con el reformista Concilio Vaticano II convocado por Juan XXIII.

Pero, luego, se movió hacia las posiciones conservadoras de Juan Pablo II, en las que ha perseverado hasta hoy. Probablemente, la razón de ello sea la sospecha o convicción de que, si continuaba haciendo las concesiones que le pedían los fieles, pastores y teólogos progresistas, la Iglesia terminaría por desintegrarse desde adentro, por convertirse en una comunidad caótica, desbrujulada, a causa de las luchas intestinas y las querellas sectarias. El sueño de los católicos progresistas de hacer de la Iglesia una institución democrática es eso, nada más: un sueño. Ninguna iglesia podría serlo sin renunciar a sí misma y desaparecer. En todo caso, prescindiendo del contexto teológico, atendiendo únicamente a su dimensión social y política, la verdad es que, aunque pierda fieles y se encoja, el catolicismo está hoy día más unido, activo y beligerante que en los años en que parecía a punto de desgarrarse y dividirse por las luchas ideológicas internas.

¿Es esto bueno o malo para la cultura de la libertad? Mientras el Estado sea laico y mantenga su independencia frente a todas las iglesias, a las que, claro está, debe respetar y permitir que actúen libremente, es bueno, porque una sociedad democrática no puede combatir eficazmente a sus enemigos -empezando por la corrupción- si sus instituciones no están firmemente respaldadas por valores éticos, si una rica vida espiritual no florece en su seno como un antídoto permanente a las fuerzas destructivas, disociadoras y anárquicas que suelen guiar la conducta individual cuando el ser humano se siente libre de toda responsabilidad.

Durante mucho tiempo se creyó que con el avance de los conocimientos y de la cultura democrática, la religión, esa forma elevada de superstición, se iría deshaciendo, y que la ciencia y la cultura la sustituirían con creces. Ahora sabemos que esa era otra superstición que la realidad ha ido haciendo trizas. Y sabemos, también, que aquella función que los librepensadores decimonónicos, con tanta generosidad como ingenuidad, atribuían a la cultura, esta es incapaz de cumplirla, sobre todo ahora. Porque, en nuestro tiempo, la cultura ha dejado de ser esa respuesta seria y profunda a las grandes preguntas del ser humano sobre la vida, la muerte, el destino, la historia, que intentó ser en el pasado, y se ha transformado, de un lado, en un divertimento ligero y sin consecuencias, y, en otro, en una cábala de especialistas incomprensibles y arrogantes, confinados en fortines de jerga y jerigonza y a años luz del común de los mortales.

La cultura no ha podido reemplazar a la religión ni podrá hacerlo, salvo para pequeñas minorías, marginales al gran público. La mayoría de seres humanos solo encuentra aquellas respuestas, o, por lo menos, la sensación de que existe un orden superior del que forma parte y que da sentido y sosiego a su existencia, a través de una trascendencia que ni la filosofía, ni la literatura, ni la ciencia, han conseguido justificar racionalmente. Y, por más que tantos brillantísimos intelectuales traten de convencernos de que el ateísmo es la única consecuencia lógica y racional del conocimiento y la experiencia acumuladas por la historia de la civilización, la idea de la extinción definitiva seguirá siendo intolerable para el ser humano común y corriente, que seguirá encontrando en la fe aquella esperanza de una supervivencia más allá de la muerte a la que nunca ha podido renunciar. Mientras no tome el poder político y este sepa preservar su independencia y neutralidad frente a ella, la religión no sólo es lícita, sino indispensable en una sociedad democrática.

Creyentes y no creyentes debemos alegrarnos por eso de lo ocurrido en Madrid en estos días en que Dios parecía existir, el catolicismo ser la religión única y verdadera, y todos como buenos chicos marchábamos de la mano del Santo Padre hacia el reino de los cielos.

31/08/2011

Excursions a la Val d'Aran

 
 
 
Ja sóc aquí. Qui no ha estat al Pirineu no sap el que són muntanyes. He gaudit moltíssim. Penjo aquí algunes fotos de les excursions que he fet.

CLÒT DE LA BARETJA


LLACS COLOMÈRES



MIRADOR DEL BARRANC DE CAMPALIA


ULLS DEL JUEU



ESTANYS DE BACIVER




MONTGARRI


VAL DE MOLIÈRE



ESTANY DE BESIBERRI



 
  Fins la propera, si Déu vol!


22/08/2011

Gràcies, Sant Pare!




He seguit des de lluny i gràcies als mitjans la festa de la JMJ aquests dies a Madrid. Si hagués pogut, hi hagés assistit. I em quedo amb les últimes paraules de comiat a l'aeroport que Benet XVI ens va dirigir: "España es una gran nación, abierta, plural, respetuosa y hondamente católica" . M'han agradat molt perquè, quants ens fan creure que aquests quatre adjectius són contraposats, sense donar-se conte que el quart fa possible la convivència dels altres tres.
I els que es manifestaven contra aquest jovent, és que prefereixen els del turisme de Lloret o els sense cervell de Londres? Dons jo, posats a escollir gent per treballar amb ella i conviure, prefereixo els que aquests dies ens han donat l'exemple de civisme, respecte i alegria. I no han estat pocs!

16/08/2011

Estic a la Val d'Aran!

    
    
Encara que sembli mentida, no hi havia estat mai. Vaig arribar ahir i això és un avenç.
 
 


14/08/2011

Mi nombre es Khan




Película de Bollywood que empieza bien, pero después se desmadra, no tiene equilibrio. Quizás en la India les gustan así.

"Rizwan Khan es un hombre aquejado de síndrome de Aspergen, un tipo de autismo. Viaja por Norteamérica para encontrarse con el presidente, al que debe dar un mensaje muy sencillo: "Mi nombre es Khan, y no soy un terrorista". Existe una explicación para que Khan haya decidido arriesgarse a perseguir al mandatario, tratar de ser recibido por él y decirle esta frase. El asunto está relacionado con el 11-S, con Mandira, una madre soltera que se convirtió en el amor de su vida, con el hijo de ésta y con una gran desgracia reciente." DeCine21.

En fin, prescindible, porque encima no hay música ni baile. La chica es preciosa.
 
  
  

13/08/2011

The Tourist




Como decimos en catalán, tots plegats uns poques soltes. ¡No sale ni una persona honrada!
No sé quien dobla la voz a la Jolie, pero debe tener muy mal oído.  Habla haciendo gallos. Con "El intercambio" ya me lo pareció. Entretenida, sin más.


"Elise es una enigmática mujer, vigilada por la policía en París, pues esperan que se ponga en contacto con un célebre estafador que ha robado dinero a la mafia, y con el que mantiene una relación sentimental. Como no conocen el rostro del hombre que buscan, éste pide a Elise que se enrede en el tren que la lleva a Venecia con el primer tipo que tenga con él cierto parecido físico. El elegido es Frank, un turista americano, profesor universitario que ignora el significado de la expresión "emociones fuertes". Hasta ahora." DeCine21.
  
  

12/08/2011

11/08/2011

El discurso del rey




Muy interesante esta película, que prácticamente no tiene argumento y que sin embargo consigue transmitir un dramatismo grande. El único problema es que el actor que hace de logopeda es el Capitán Barbosa, de los Piratas del Caribe... que acababa de ver. Ja!

"Década de los 30 del pasado siglo. Reina en Inglaterra Jorge V, y soplan aires de guerra. Su segundo hijo, Albert, padece una pronunciada tartamudez desde que era niño. Los muchos expertos que han tratado de ayudarle con su problema han fracasado. Lo que no tendría demasiada importancia, de no ser por la muerte de su padre y lo poco adecuado que es David, el heredero, para asumir la función de monarca. Los avatares del destino le obligan a llevar la corona... y sus súbditos, en tiempos difíciles, necesitan oír la voz del rey. Un heterodoxo logopeda, el australiano Lionel Logue, podría ser la solución a tan reales dificultades." DeCine21.





10/08/2011

"Los días contados"

   
   
   
Los días contados
Bánffy, Miklós (1934)
Libros del Asteroide 2009


"A principios del siglo xx en Hungría se suceden las convulsiones políticas: el difícil equilibrio de la Monarquía Austrohúngara se resquebraja y las refriegas parlamentarias están llevando al país al colapso. La historia de amor entre Bálint Abády y Adrienne Miloth se inicia a la sombra de estos preocupantes augurios.
Esta trilogía de novelas, que Miklós Bánffy publicó entre 1934 y 1940, está considerada como una de las obras más importantes de la narrativa centroeuropea de la primera mitad del siglo xx. Prohibida durante más de cuarenta años por los regímenes comunistas, desde su reciente recuperación no ha dejado de cautivar a lectores de todo el mundo."

¿Me ha gustado? Sí, pero excesivamente premiosa.  Sólo he leído el primero de los tres volúmenes, de 666 páginas, y no sé si voy a tener paciencia para leer los otros dos si caen en mis manos. Lo más alucinante es que el escritor escribe sobre su contemporaneidad y los protagonistas, muy bien retratados psicológicamente, alta nobleza y burguesía, se me presentan de un mundo lejano y bastante remoto. Y sólo han pasado 100 años. Cacerías, bailes, actividad política, amoríos, infidelidades, duelos y viajes. En fin, no sé mucho qué pensar. De momento no me daré mucha prisa en conseguir los otros dos volúmenes. Un 8.