31 de desembre de 2015

Yihadismo 3


Dounia Bouzar, desradicalizadora. 

Impresionante entrevista aparecida en La Vanguardia hace unos días. Me propongo buscar buenas noticias sobre el mundo árabe, o aquellas que ayuden a entender el conflicto.

Tengo 50 años. Nací en Grenoble y vivo en París. Soy antropóloga social y ‘desradicalizadora’: recupero a jóvenes captados por el yihadismo. Tengo dos hijas veinteañeras, que me ayudan. ¿Política? Prosperidad y justicia. Soy musulmana. Ni estado ni islámico: ¡secta asesina!

Dice que es “desradicalizadora”...
Es mi trabajo, recuperar a jóvenes franceses captados por el yihadismo.

Un radicalismo letal...
Sí, esos chicos lo dejan todo: estudios, amigos, familia, casa..., para largarse a Siria e Iraq a morir matando.

¿Cómo son esos jóvenes?
Chicos y chicas de 14 a 24 años, de familias francesas de clase media.

¿De origen magrebí?
No todos, ni siempre de familias religiosas.

¿Son muchos? ¿Cuántos?
En los últimos dos años, nuestras fuerzas de seguridad han detenido a 700 chicos en la frontera con destino a las filas del Daesh.

Las fuerzas del Estado Islámico.
Ni estado ni islámico: secta criminal, destructiva conjura de asesinos.

¿Cómo captan a los jóvenes?
Mediante internet.

Sin internet, ¿no habría radicales?
Los habría, pero ni tantos ni radicalizados tan rápido. Por eso les quito internet...

Cuénteme un caso que haya tratado.
Una chica de quince años, Lea. De una pequeña ciudad de Bretaña. Padres ateos. Casa con piscina. Buenas notas...

Me sorprende...
Quiere ser enfermera para ayudar a los niños del mundo. Encuentra en internet vídeos de niños muertos, desventrados por las bombas de El Assad...

¡Ay!
Unos vídeos la llevan a otros sobre persecuciones y éxodos de musulmanes, sobre la inacción y culpabilidad de Occidente, y ella siente que debe hacer algo...

¿Y qué hace?
La convencen de que su país le impedirá ayudar, ¡y ellos le ofrecen entrar en un hospital para salvar niños! Y Lea decide irse.

Otro caso.
Brian, de 18 años, joven de familia católica, adora a su padre, su héroe. El padre tiene un infarto, lo supera, pero el chico se angustia y se obsesiona con la muerte...

¿Y eso le lleva al yihadismo?
Su pánico le lleva al sinsentido de la vida, y los vídeos yihadistas le consuelan: ¡hay un paraíso! Previa destrucción de este mundo...

Increíble.
Los convencen de que un contubernio de illuminati domina este mundo podrido.

¿“Illuminati”?
Una secta judeomasónica sionista que domina los medios de comunicación y a los políticos... ¡Y rompen a martillazos el televisor!

Ostras.

Hay vídeos en internet que “demuestran” que la manifestación en París contra el atentado de Charlie Hebdo, vista desde el aire, ¡dibuja el perfil del Estado de Israel!

Paranoia galopante, sí.
O que la botella de Coca-Cola, con cierta iluminación, ¡reza “No Mahoma”! O que en la etiqueta del refresco Orangina¡se ve la cabeza de un diablo!

Esos vídeos ¿los hacen terroristas?

Sospecho que hay buenos psicólogos en sus filas: son vídeos pérfidamente eficaces.

¿Y recupera a jóvenes tan alterados?
He desradicalizado a 250 jóvenes en casi dos años, ¡lo considero un éxito!

¿Mediante qué técnicas?
Es inútil la vía del intelecto: están convencidos de poseer la verdad. La única vía es la del corazón, la emoción.

¿Cómo?
Implico a los padres, ¡los mejores desradicalizadores! Si restablece vínculos emotivos, canales de afecto, el chico puede recuperarse: cae en una depresión.

Ah, ¿y eso es buena señal?
¡Pierde un mundo en el que todo estaba claro! Comienza a reconstruir otros vínculos.

¿Qué síntomas deberían alertar a padres que nos lean?
El joven deja de estudiar, de trabajar, de seguir sus aficiones, de tratar a familia y amigos, dice que los padres no saben nada, que este mundo está podrido y que él sí conoce la verdad, que él... es un elegido.

¿Se siente especial?
Vive el efecto cocooning: se siente arropado por el grupo, su nueva familia, se siente elegido para una “misión divina”: salvar el mundo. Por seguir ahí, ¡hará lo que sea!

Matar y morir. ¿Y si una vez en Siria... se arrepiente?
Si flaquea, le envían a inmolarse en un atentado con explosivos. Y si pretende irse, ¡le fusilan! Sólo una chica escapó y volvió.

¿La ha recuperado?
No, está encarcelada. Desde el último atentado, Francia ha decidido encarcelar a esos chicos... ¡Qué error! Eso alimenta la idea de injusticia, ¡todo un regalo para el Daesh!


Es por la presión del Frente Nacional.
Que fortalece aún más la prédica del Daesh: “Si esos occidentales quieren destruir el islam, ¡destruyamos antes a Occidente!”.

¿Qué hacer?
Evitar discriminaciones, respetar el uso del velo, por ejemplo... Eso les restaría fuerza.

¿Es usted optimista?
Sólo el amor puede volver a religar a esos jóvenes con la vida. Sin amor, vence la destrucción, ¡vence la muerte!


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