6 de maig de 2012

Elogio de lo privado

  
  
De lo privado, o de la iniciativa social. Magnífico artículo de Pilar Rahola. Y conste que soy funcionaria de la Generalitat.

"En qué momento este extraño país decidió darle la vuelta al diccionario y convertir en perversas las ideas que lo habían calificado en el pasado? Por ejemplo, la iniciativa privada. La historia secular de Catalunya no se explica sin ese potente músculo civil. Allí donde no llegaba un estado inexistente, llegaba la sociedad civil, que levantaba Liceos, construía hospitales, escuelas, asilos, jardines y hasta edificaba observatorios para que un astrónomo sabio descubriera asteroides. Detrás de los hitos más importantes de Catalunya palpitan empresarios que supieron trabar la fuerza de inventores, científicos, pedagogos, artistas y el resto de la fauna que configura el dinamismo de un país. Es decir, Catalunya no se explica sin la fuerte impronta de su iniciativa privada, auténtico motor de su equilibrada sociedad. Por decirlo en plata y en incorrecto supino, suerte hemos tenido en esta atribulada nación de tener empresarios importantes con un fuerte sentido civil.

Escribo todo esto a tenor de la asamblea de la Unió Catalana d'Hospitals, donde tuve el honor de participar. La Unió agrupa a 115 entidades sanitarias, titulares de 400 centros que generan ocupación a casi 60.000 profesionales. La naturaleza jurídica de la Unió va desde entidades públicas a sociedades mercantiles, fundaciones, mutualidades e incluso órdenes religiosas, y la mayoría son entidades non profit.

Es decir, sociedad civil en estado puro, en este caso dedicado a la materia sensible de la sanidad. Una sociedad civil que arriesga a menudo más que el ámbito público, que es capaz de hacer sacrificios como ninguno, y que aporta ideas cuando es necesario reinventar modelos. Sin embargo, esa misma sociedad civil, integrada por empresarios arriesgados, no tiene, hoy por hoy, el crédito que merece.

Muy al contrario, hemos ido desarrollando un discurso de ninguneo y desprecio hacia todo lo que huele a iniciativa privada, hasta el punto que la palabra privatización se ha convertido en la muletilla de todos los demonios. Con una mentalidad cada día más funcionarial, adosados a las ubres de la mamá administración, con la suicida idea de que lo público debe dominar la escena, hemos ido abandonando ese espíritu emprendedor que nos significó históricamente. Y sin embargo, sin ese espíritu que palpita a pesar de los desprecios no seríamos nada. El ejemplo sanitario es rotundo. ¿Cómo estaría la sanidad pública sin los miles de catalanes que pagan mutua privada, sin las entidades consorciadas, sin los centros privados de asistencia? Y ¿cómo estaría el país si el motor privado dejara de tener la fuerza que aún le significa? No es ni imaginable. Pero en lugar de sentir orgullo por esa fuerza civil que dinamiza a la sociedad, se ha instalado la moda de demonizarla. Lo cual dice mucho de la tontería supina que arrecia en las esquinas de algunas ideologías."
  
  

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