15/03/2014

Receta para aprobar en casa



Por fin un estudio con sentido común. Ésto es lo que constatamos cada día los profesores en el aula. Resumen de una tesis doctoral de la UIC, aparecida hoy en La Vanguardia.

"El éxito escolar no es sólo cosa de los alumnos, ni de la escuela, ni de los profesores, ni de las políticas educativas. Los padres también tienen su parte de responsabilidad. No hay que asustarse. Existen ciertas pautas que, bien aplicadas, pueden ayudar a mejorar el rendimiento académico de los hijos. La tesis La pedagogía del esfuerzo en el ámbito familiar y su relación con el rendimiento académico, defendida por la doctora Beatriz Lucaya en la Universitat Internacional de Catalunya, ha identificado los mecanismos que siguen los padres para transmitir la cultura del esfuerzo con éxito. Esta profesora de Economía y empresa entrevistó a 52 estudiantes de segundo de bachillerato y a 49 familias para averiguar cómo influyen los padres en el ámbito escolar.

Las conclusiones han resultado muy claras. Todos los progenitores cuyos hijos tienen un rendimiento académico alto coincidían en cinco puntos. Primero: predican con el ejemplo. Son los primeros que se esfuerzan en sus quehaceres para que los hijos entiendan que, sin emplearse a fondo, no se llega a ningún sitio. Segundo: la disponibilidad de tiempo. Esta no tiene nada que ver con la jornada laboral. Se trata de encontrar un momento durante la semana para hablar con los chicos, escucharlos, hacer algo con ellos... En tercer lugar destaca el establecimiento de normas claras -hay que saber decir no-; cuarto, la ayuda para inculcar unos hábitos de estudio -organizar el tiempo y las tareas, aprender a hacer esquemas o resúmenes- y, por último, la comunicación con el centro educativo. Estos cinco mecanismos juntos aparecen en todos los casos de éxito escolar -entendido como el alumno que da lo mejor de sí-. 

Pero también existen obstáculos para transmitir esta cultura del esfuerzo. El principal se encuentra en algo tan cotidiano como las pantallas. Móviles, tabletas, ordenadores roban mucho tiempo a los adolescentes -y a los padres- y muchas familias no saben cómo lidiar con ello. La abundancia material en la que viven los hijos supone otro factor que no ayuda a que valoren el trabajo duro. Algo que tener en cuenta en su educación."

En cuanto las pantallas, hay una solución: pactar, con consenso, desde el principio su uso en casa. De hecho, las pantallas las tienen porque las compran los padres.