10/09/2011

"Tot un caràcter"

 
 
 
Tot un caràcter
Monsó, Imma
La Magrana 2001

Encara no havia llegit res d'aquesta autora. Aquest llibre és la descripció del caràcter d'una mare, amb una personalitat aclaparadora, vist per la seva filla, de caràcter molt diferent, que per poder relacionar-se amb ella s'ha dotat d'una cuirassa emocional. A mida que vas llegint les anècdotes que ens presenta, vas reconeixent detalls de persones reals que tots hem conegut. Està escrit amb immensa ironia, i fa riure molt. És un llibre on mostra la seva agudesa en l'observació psicològica i saber fer en les seves descripcions. Està escrit com un monòleg de pensament. Té un però... pel meu gust és una mica repetitiu i al final ja cansa. La frescor de les primeres pàgines es va reduint a mida que avança la lectura, a mida que desapareix el factor sorpresa. Un 7.

09/09/2011

"Las batallas en el desierto"

   
   
   
"Las batallas en el desierto"
José Emilio Pacheco (2009)
Tusquets Editores 2010

Encantadora novela corta de este escritor mejicano, Premio Cervantes 2009. Transcurre en México en los años cuarenta, en la época de Miguel Alemán. Carlos es un niño de doce años que se enamora perdidamente de la madre de un compañero de clase. Su amor es tan inocente y turbulento que se cree en la obligación de declararse. Cuando lo hace el asunto trasciende y salen a la luz la hipocresía de los mayores con sus interpretaciones y juicios. Carlitos no entiende nada. Escrito por él en primera persona. La verdad es que es encantador, me ha gustado mucho. Un 9.
  
  
  


08/09/2011

La cultura de la queja

   
   
   
En el instituto, uno de los peores problemas con los que me encuentro a la hora de hacer trabajar a los alumnos es la falta total de responsabilidad ante lo que hacen: son, con excepciones, muy pasivos. Quieren pasar curso, que no aprender, sin esfuerzo, y como realmente no lo ponen, los resultados son desastrosos. Sin embargo ellos no se sienten culpables, porque según su filosofía de la vida, las cosas han de salir por si solas, sin hacer nada uno para que salgan. Por tanto, si no salen, la culpa siempre es de los demás. Y la respuesta es quejarse. 
En esta entrevista a Swami Parthasarathy que publica La Vanguardia, nos habla de esta visión que tenemos en Occidente, que en Asia no es tan endémica. En fin, todo lo que dice es de un sentido común aplastante. ¿Algo sale mal? Mírate a ti mismo en qué has fallado.


"Una cultura basada sólo en los derechos individuales no lleva a la armonía personal ni colectiva, porque, quien es educado en la convicción de que tiene derecho a todo siempre encuentra motivos para la queja.



¿Y no es así?

Al contrario: si vives convencido de que tienes todos los derechos, crees que la única razón de tu insatisfacción es que alguien no te los ha dado. Y de ese modo pierdes la oportunidad de tener responsabilidades. Y, por ello, eres desgraciado, porque pierdes el control sobre tu propia existencia.



¿Por qué?

Porque si sólo crees tener derechos, la causa de tu insatisfacción no está en ti mismo, sino en los demás, en algo que otros no te dan. Y, al pensar así, te conviertes en un niño mimado y dependiente al que por mucho que se le dé todo, siempre le faltará algo.



¿La cultura de los derechos es también la de la queja y la insatisfacción?

Exactamente. Por eso Occidente siempre se queja y por eso ustedes siempre están insatisfechos por mucho que tengan.



Ahora tal vez tengamos motivos.

Todo está relacionado. La cultura de la queja es la razón de la decadencia de Occidente. Porque, además de insatisfechos, esa cultura de los derechos individuales sin ninguna responsabilidad social también los hace a ustedes egoístas e improductivos.



También esa cultura nos hacía –hasta ahora– más prósperos que nadie.

El tiempo ha puesto las cosas en su sitio y cuando, por fin, en la India y Asia nos hemos liberado de su colonialismo, nuestro sentido de la responsabilidad nos ha permitido volver a ser prósperos.



¿Cómo?

La India y toda Asia y sus sociedades colectivistas están basadas en el sentido del deber hacia los demás: el pueblo, la familia, la sociedad. Por eso ahora ya estamos compitiendo con ustedes en el terreno económico.



No sé si veo la relación...

Una sociedad como la occidental, basada en la continua reclamación de derechos, los condena a la queja. Y los culpables siempre son los demás: el Estado, el empresario, tu familia, los políticos, el municipio... Pero lo peor es que, de ese modo, dejas la responsabilidad de tu vida a alguien que no eres tú. Tú deberías ser, en cambio, quien decidiera sobre tu propia satisfacción.



¿Cómo recuperas la iniciativa?

Dando. Basando tu vida en las obligaciones y las responsabilidades. Eso volvería a hacerlos más productivos a ustedes los occidentales. Porque, para que te den algo que crees merecer, sólo tienes que ser lo suficiente insistente y hasta quejica, y tal vez te lo acaben dando. Pero para poder dar algo a los demás, antes tienes que haberlo producido y creado, y después ser generoso.



Dar no es la cultura imperante aquí.

Si fundas tu existencia en la responsabilidad y la generosidad de dar, recuperas el control sobre tu propia existencia. Porque dar depende sólo de ti; recibir te pone a merced de los demás. Si fundas tu familia sólo para recibir amor y derechos, nunca obtendrás bastante y acabarás abandonándola.



¿Por qué?

Porque el único modo de lograr tener una familia duradera es vivir para dárselo todo. Mi única mujer y yo llevamos 58 años casados...Y felices. Porque nunca pensamos en lo que nos debe el otro, sino en lo que podemos darle a él y a nuestros hijos. El día en que piensas más en lo que recibes que en lo que das, la familia deja de tener ningún sentido. Nunca te dará bastante.



¿Esa actitud requiere tener religión?

Es universal y eterna en el ser humano que se conoce. Las civilizaciones que progresan están fundadas en la generosidad, en personas que trabajan, crean y dan a los demás.



Adam Smith creía que los egoísmos individuales arbitrados en mercados eficientes crean prosperidad colectiva.

Ese tipo de actividad puede darte prosperidad, pero no paz interior. No es que la prosperidad sea mala en sí, pero si no va acompañada de crecimiento interior, no satisface a nadie. Al contrario, esa hiperactividad te estresa, y te vuelve engreído e intratable.



¿Por qué?

Porque el único placer real que da ganar algo es poder compartirlo. Lo descubre el vedanta desde hace milenios. Y de él bebieron Platón, Sócrates, Jesucristo y Mahoma. Y miles de maestros de todas las culturas.



¿En qué consiste?

No hace falta una fe ciega ni ascetismo ni grandes revelaciones. Llegará a esa verdad por su propio sentido común. No se trata de ser santo, sino simplemente sensato.



¿Disciplina mental?

Madurez. Y no me refiero a la acumulación de conocimiento, sino a sabiduría vital. El placer, por ejemplo, lleva aparejado el desplacer. Si usted bebe por placer, acabará sufriendo por la bebida, a menos que aprenda a controlar su deseo –es la neutralización– y madure hasta descubrir que beber menos es la mejor forma de disfrutarlo más.



También depende de con quién bebas.

La causa de una relación mala no está en el otro, sino en tu propia actitud. El defecto no está en el amigo, el coche, la casa, la esposa... sino en ti mismo, en tu actitud hacia ellos. Todo conflicto de relación es una oportunidad para estudiarte y corregirte. Antes de quejarse de los demás, estúdiese y verá que el problema está en usted.
   
   
  

07/09/2011

"Sònietxka"

   
   
   
Sònietxka
Ulitskaia, Liudmila (1992)
Edicions La Magrana 2000

«Des de la més tendra infantesa, quan no era gaire més que un nadó, la Sònietxka se submergí en la lectura.» Així comença la història d'aquesta dona, la Sònietxka, a la Rússia dels anys vint. Un personatge que, pàgina a pàgina, creix i es fa estimar. Una novel·la emotiva i captivadora, escrita amb una prosa que es guanya l'atenció del lector amb la dosi justa de tendresa, aspror i humor.

Liudmila Ulitskaia (Moscou, 1943) és utora de novel·les, narrativa curta, obres teatrals i guions per a pel·lícules. La novel·la Sònietxka (1992) l'ha consolidat com a una de les grans veus de la narrativa russa contemporània.

Premi Médicis a la millor novel·la estrangera del 1996 a França.

M'ha agradat? Dons no ho sé gaire. Arrenca molt bé, poètic, molt tendra la figura de la protagonista, però a mida que avança el llibre el personatge perd encant i tot plegat queda immers en una quotidianitat molt grisa. Els personatges tenen un comportament força amoral. Em recorda una mica "El nacimiento", de Varlàmov, per l'ambient de la Rússia de la perestroika, que sí em va agradar molt. En canvi aquest el veig prescindible. Un 7.
  
  
  

06/09/2011

¿Du llu espic ingliss?

  
  
  
Yo, que soy bastante anti-inglés, que no anti-Inglaterra, me ha hecho mucho gracia. De Blogoteca.

Esto es la carta que escribió una señora al programa de Luis del Olmo para que la leyeran en directo:

'Desde que las insignias se llaman pins, las comidas frías lunchs, y los repartos de cine castings, este país no es el mismo: ahora es mucho, muchísimo más moderno.

Antaño los niños leían tebeos en vez de comics, los estudiantes pegaban posters creyendo que eran carteles, los empresarios hacían negocios en vez de business, y los obreros, tan ordinarios ellos, sacaban la fiambrera al mediodía en vez del tupper-ware.

Yo, en el colegio, hice aerobic muchas veces, pero, tonta de mí, creía que hacía gimnasia. Nadie es realmente moderno si no dice cada día cien palabras en inglés. Las cosas, en otro idioma, nos suenan mucho mejor. Evidentemente, no es lo mismo decir bacon que panceta, aunque tengan la misma grasa, ni vestíbulo que hall, ni inconveniente que handicap ...

Desde ese punto de vista, los españoles somos modernísimos. Ya no decimos bizcocho, sino plum-cake, ni tenemos sentimientos, sino feelings.

Sacamos tickets , compramos compacs , comemos sandwiches , vamos al pub , practicamos el rappel y el raffting , en lugar de acampar hacemos camping y, cuando vienen los fríos, nos limpiamos los mocos con kleenex .

Esos cambios de lenguaje han influido en nuestras costumbres y han mejorado mucho nuestro aspecto. Las mujeres no usan medias, sino pantys y los hombres no utilizan calzoncillos, sino slips, y después de afeitarse se echan after shave, que deja la cara mucho más fresca que el tónico.

El español moderno ya no corre, porque correr es de cobardes, pero hace footing; no estudia, pero hace masters y nunca consigue aparcar pero siempre encuentra un parking.

El mercado ahora es el marketing; el autoservicio, el self-service; el escalafón, el ranking y el representante, el manager. Los importantes son vips, los auriculares walkman, los puestos de venta stands, los ejecutivos yuppies; las niñeras baby-sitters, y hasta nannies, cuando el hablante moderno es, además, un pijo irredento.

En la oficina, el jefe esta siempre en meetings o brain storms , casi siempre con la public-relations, mientras la assistant envía mailings y organiza trainings; luego se irá al gimnasio a hacer gim-jazz, y se encontrará con todas las de la jet, que vienen de hacerse liftings, y con alguna top-model amante del yoghurt light y el body-fitness.

El arcaico aperitivo ha dado paso a los cocktails, donde se hartan a bitter y a roast-beef que, aunque parezca lo mismo, engorda mucho menos que la carne.

Ustedes, sin ir más lejos trabajan en un magazine, no en un programa. En la tele, cuando el presentador dice varias veces la palabra O.K. y baila como un trompo por el escenario la cosa se llama show , bien distinto, como saben ustedes, del anticuado espectáculo; si el show es heavy es que contiene carnaza y si es reality parece el difunto diario El Caso, pero en moderno.

Entre medias, por supuesto, ya no ponen anuncios, sino spots que, aparte de ser mejores, te permiten hacer zapping.

Estas cosas enriquecen mucho.

Para ser ricos del todo, y quitarnos el complejo tercermundista que tuvimos en otros tiempos, solo nos queda decir con acento americano la única palabra que el español ha exportado al mundo: la palabra 'SIESTA.'
  
  
  

04/09/2011

Incendies

 
 
  
Durísima e impactante película, no por lo que se ve, sino por lo que cuenta y sugiere. Ambientada en un país de Oriente Medio en plena guerra nacionalista y de religión, nos muestra como la violencia sólo causa más violencia y dolor y lo único capaz de romper esta espiral es el amor. Para público adulto, ejemplo de muy buen cine.

"Canadá. Dos gemelos veinteañeros, Simon y Jeanne, son testigos de cómo en pocos días la salud de su madre, Nawal Marwan, se resquebraja totalmente, de modo que acaba muriendo sumida en el más completo y desconcertante silencio. Cuando el notario amigo de la familia entrega el testamento de Nawal a sus hijos, éstos se enteran de que su padre no ha muerto -como ellos pensaban- y de que además tienen un hermano. El estupor y el disgusto son grandes, además de difíciles de digerir, porque para Jeanne y Simon esa noticia es la gota que colma el vaso en el anómalo comportamiento de su madre, que siempre actuó con ellos de manera extraña y aun distante. Ahora, la última voluntad de Nawal antes de recibir sepultura es que sus hijos busquen a su hermano y a su padre, y que les entreguen una carta a cada uno. Será Jeanne quien asuma la responsabilidad de iniciar las pesquisas, para lo cual se traslada a Oriente Medio con la intención de desentrañar la historia de su madre." DeCine21.

03/09/2011

"Incerta glòria"

   
   
   
"Incerta glòria"
Joan Sales (1956)
Club Editor1984
(Traducida al castellano por Carlos Pujol)

Impactant novel·la, del millor que he llegit en català. Com és possible que se'n parli tan poc? Vaig saber de la seva existència per casualitat.
A mida que anava llegint el llibre, em donava conte de que l'autor posa en veu dels personatges els seus pensaments conseqüència de haver fet la guerra. I trobava poc real que persones de vint-i-pocs anys tinguessin pensaments tan profunds. Dons en Joan Sales era molt jove quan el va començar a escriure-la, i la versió definitiva no va sortir fins molts anys més tard.
Els protagonistes són tres amics, Lluís, en Soleràs i Cruells, tots tres al mateix front d'Aragó, a la banda republicana, i tots tres orfes de pares. La primera part està escrita per en Lluís, una sèrie de cartes adreçades al seu germà. La segona part són una sèrie de cartes que la Trini, parella d'en Lluís, escriu a en Soleràs, per tal de pal·liar la seva soledat. La tercera part són els records d'en Cruells, seminarista afeccionat a l'astronomia. La quarta part també la relata en Cruells, trenta anys després, ja mossèn, ficat en un túnel fosc de depressió. I aquí apareix un personatge miserable i boig, en Lamoneda, una piltrafa d'home que ha lluitat a tots els bàndols intentant treure la millor part, absolutament degradat pel seu comportament. Tot plegat és una magnífica obra coral de 764 planes, lectura molt apropiada per l'estiu, amb moltes frases felices d'aquestes que val la pena subratllar.
Llibre de capçalera. M'alegro molt d'haver-lo descobert i animo a aquells lectors valents que no se la perdin. Intenteu agafar l'edició de Club Editor, que és la més complerta i aprovada per l'autor, encapçalada per la seva Confessió, que copio a continuació, i el preàmbul de Núria Folch i Pi, la seva viuda.

"The uncertain glory of an april day... Tot devot de Shakespeare coneix aquestes paraules—i si jo hagués de resumir la meva novel·la en una sola ratlla, no ho faria pas d'altra manera.

Hi ha un moment de la vida que sembla com si ens despertéssim d'un somni. Hem deixat de ser joves. Bé es veia que no ho podíem ser eternament; i què era, ser joves? Ma jeunesse ne fut qu'un ténébreux orage, diu Baudelaire; potser tota joventut ho ha estat, ho és, ho serà. Una tempesta tenebrosa travessada de llampecs de glòria —d'INCERTA GLÒRIA— un dia d'abril...

Un fosc afany ens mou durant aquells anys turmentats i difícils; busquem, conscientment o no, una glòria que no sabríem definir. La busquem en moltes coses, però sobretot en l'amor i en la guerra, si la guerra se'ns entravessa. Tal va ser el cas de la meva generació.

La set de glòria es fa, en certs moments de la vida, dolorosament aguda; tant més aguda és la set com més incerta és la glòria de què estem assedegats; vull dir, més enigmàtica. La meva novel·la tracta precisament de copsar algun d'aquests moments en algun dels seus personatges. ¿Amb quin resultat? No sóc pas jo qui ho ha de dir.

Però sé que molt li serà perdonat a qui molt hagi estimat. En altre temps hi havia més devoció a sant Dimas i a santa Maria Magdalena; és que no corria tanta pedanteria com ara i la gent no tractava de dissimular amb tesis, missatges ni teories abstractes el fons apassionat que tots portem a dintre.

Som pecadors amb una gran set de glòria. I és que la glòria és el nostre fi."
   
   
   

Caza a la espía

 
 
 
Interesante película basada en hechos reales y bien interpretada. De fondo, las oscuras motivaciones de la guerra de Irak por parte de la administración Bush. La trama, una espía ve descubierta su identidad filtrada en la prensa, por venganza de un alto cargo de la Casa Blanca, para perjudicar al marido de ésta que se empeña en que trascienda la verdad sobre los motivos de la guerra de Irak. Amor, familia, verdad, matrimonio y conflicto de intereses. Me ha gustado mucho. DeCine21.


02/09/2011

La JMJ en tres minutos

  
  
  

01/09/2011

Vargas Llosa opina sobre la JMJ

Fuente: El País

Bonito espectáculo el de Madrid invadido por cientos de miles de jóvenes procedentes de los cinco continentes para asistir a la Jornada Mundial de la Juventud que presidió Benedicto XVI y que convirtió a la capital española por varios días en una multitudinaria Torre de Babel. Todas las razas, lenguas, culturas, tradiciones, se mezclaban en una gigantesca fiesta de muchachas y muchachos adolescentes, estudiantes, jóvenes profesionales venidos de todos los rincones del mundo a cantar, bailar, rezar y proclamar su adhesión a la Iglesia católica y su "adicción" al Papa ("Somos adictos a Benedicto" fue uno de los estribillos más coreados).
Salvo el millar de personas que, en el aeródromo de Cuatro Vientos, sufrieron desmayos por culpa del despiadado calor y debieron ser atendidas, no hubo accidentes ni mayores problemas. Todo transcurrió en paz, alegría y convivencia simpática. Los madrileños tomaron con espíritu deportivo las molestias que causaron las gigantescas concentraciones que paralizaron Cibeles, la Gran Vía, Alcalá, la Puerta del Sol, la Plaza de España y la Plaza de Oriente, y las pequeñas manifestaciones de laicos, anarquistas, ateos y católicos insumisos contra el Papa provocaron incidentes menores, aunque algunos grotescos, como el grupo de energúmenos al que se vio arrojando condones a unas niñas que, animadas por lo que Rubén Darío llamaba "un blanco horror de Belcebú", rezaban el rosario con los ojos cerrados.

Hay dos lecturas posibles de este acontecimiento, que EL PAÍS ha llamado "la mayor concentración de católicos en la historia de España". La primera ve en él un festival más de superficie que de entraña religiosa, en el que jóvenes de medio mundo han aprovechado la ocasión para viajar, hacer turismo, divertirse, conocer gente, vivir alguna aventura, la experiencia intensa pero pasajera de unas vacaciones de verano. La segunda la interpreta como un rotundo mentís a las predicciones de una retracción del catolicismo en el mundo de hoy, la prueba de que la Iglesia de Cristo mantiene su pujanza y su vitalidad, de que la nave de San Pedro sortea sin peligro las tempestades que quisieran hundirla.

Una de estas tempestades tiene como escenario a España, donde Roma y el gobierno de Rodríguez Zapatero han tenido varios encontrones en los últimos años y mantienen una tensa relación. Por eso, no es casual que Benedicto XVI haya venido ya varias veces a este país, y dos de ellas durante su pontificado. Porque resulta que la "católica España" ya no lo es tanto como lo era. Las estadísticas son bastante explícitas. En julio del año pasado, un 80% de los españoles se declaraba católico; un año después, solo 70%. Entre los jóvenes, 51% dicen serlo, pero solo 12% aseguran practicar su religión de manera consecuente, en tanto que el resto lo hace solo de manera esporádica y social (bodas, bautizos, etcétera). Las críticas de los jóvenes creyentes -practicantes o no- a la Iglesia se centran, sobre todo, en la oposición de ésta al uso de anticonceptivos y a la píldora del día siguiente, a la ordenación de mujeres, al aborto, al homosexualismo.

Mi impresión es que estas cifras no han sido manipuladas, que ellas reflejan una realidad que, porcentajes más o menos, desborda lo español y es indicativo de lo que pasa también con el catolicismo en el resto del mundo. Ahora bien, desde mi punto de vista esta paulatina declinación del número de fieles de la Iglesia católica, en vez de ser un síntoma de su inevitable ruina y extinción es, más bien, fermento de la vitalidad y energía que lo que queda de ella -decenas de millones de personas- ha venido mostrando, sobre todo bajo los pontificados de Juan Pablo II y de Benedicto XVI.

Es difícil imaginar dos personalidades más distintas que las de los dos últimos Papas. El anterior era un líder carismático, un agitador de multitudes, un extraordinario orador, un pontífice en el que la emoción, la pasión, los sentimientos prevalecían sobre la pura razón. El actual es un hombre de ideas, un intelectual, alguien cuyo entorno natural son la biblioteca, el aula universitaria, el salón de conferencias. Su timidez ante las muchedumbres aflora de modo invencible en esa manera casi avergonzada y como disculpándose que tiene de dirigirse a las masas. Pero esa fragilidad es engañosa pues se trata probablemente del Papa más culto e inteligente que haya tenido la Iglesia en mucho tiempo, uno de los raros pontífices cuyas encíclicas o libros un agnóstico como yo puede leer sin bostezar (su breve autobiografía es hechicera y sus dos volúmenes sobre Jesús más que sugerentes). Su trayectoria es bastante curiosa. Fue, en su juventud, un partidario de la modernización de la Iglesia y colaboró con el reformista Concilio Vaticano II convocado por Juan XXIII.

Pero, luego, se movió hacia las posiciones conservadoras de Juan Pablo II, en las que ha perseverado hasta hoy. Probablemente, la razón de ello sea la sospecha o convicción de que, si continuaba haciendo las concesiones que le pedían los fieles, pastores y teólogos progresistas, la Iglesia terminaría por desintegrarse desde adentro, por convertirse en una comunidad caótica, desbrujulada, a causa de las luchas intestinas y las querellas sectarias. El sueño de los católicos progresistas de hacer de la Iglesia una institución democrática es eso, nada más: un sueño. Ninguna iglesia podría serlo sin renunciar a sí misma y desaparecer. En todo caso, prescindiendo del contexto teológico, atendiendo únicamente a su dimensión social y política, la verdad es que, aunque pierda fieles y se encoja, el catolicismo está hoy día más unido, activo y beligerante que en los años en que parecía a punto de desgarrarse y dividirse por las luchas ideológicas internas.

¿Es esto bueno o malo para la cultura de la libertad? Mientras el Estado sea laico y mantenga su independencia frente a todas las iglesias, a las que, claro está, debe respetar y permitir que actúen libremente, es bueno, porque una sociedad democrática no puede combatir eficazmente a sus enemigos -empezando por la corrupción- si sus instituciones no están firmemente respaldadas por valores éticos, si una rica vida espiritual no florece en su seno como un antídoto permanente a las fuerzas destructivas, disociadoras y anárquicas que suelen guiar la conducta individual cuando el ser humano se siente libre de toda responsabilidad.

Durante mucho tiempo se creyó que con el avance de los conocimientos y de la cultura democrática, la religión, esa forma elevada de superstición, se iría deshaciendo, y que la ciencia y la cultura la sustituirían con creces. Ahora sabemos que esa era otra superstición que la realidad ha ido haciendo trizas. Y sabemos, también, que aquella función que los librepensadores decimonónicos, con tanta generosidad como ingenuidad, atribuían a la cultura, esta es incapaz de cumplirla, sobre todo ahora. Porque, en nuestro tiempo, la cultura ha dejado de ser esa respuesta seria y profunda a las grandes preguntas del ser humano sobre la vida, la muerte, el destino, la historia, que intentó ser en el pasado, y se ha transformado, de un lado, en un divertimento ligero y sin consecuencias, y, en otro, en una cábala de especialistas incomprensibles y arrogantes, confinados en fortines de jerga y jerigonza y a años luz del común de los mortales.

La cultura no ha podido reemplazar a la religión ni podrá hacerlo, salvo para pequeñas minorías, marginales al gran público. La mayoría de seres humanos solo encuentra aquellas respuestas, o, por lo menos, la sensación de que existe un orden superior del que forma parte y que da sentido y sosiego a su existencia, a través de una trascendencia que ni la filosofía, ni la literatura, ni la ciencia, han conseguido justificar racionalmente. Y, por más que tantos brillantísimos intelectuales traten de convencernos de que el ateísmo es la única consecuencia lógica y racional del conocimiento y la experiencia acumuladas por la historia de la civilización, la idea de la extinción definitiva seguirá siendo intolerable para el ser humano común y corriente, que seguirá encontrando en la fe aquella esperanza de una supervivencia más allá de la muerte a la que nunca ha podido renunciar. Mientras no tome el poder político y este sepa preservar su independencia y neutralidad frente a ella, la religión no sólo es lícita, sino indispensable en una sociedad democrática.

Creyentes y no creyentes debemos alegrarnos por eso de lo ocurrido en Madrid en estos días en que Dios parecía existir, el catolicismo ser la religión única y verdadera, y todos como buenos chicos marchábamos de la mano del Santo Padre hacia el reino de los cielos.