30/07/2008

Pozos de ambición


En esta película, genial y absolutamente desagradable, se muestra cómo la ambición pudre a las personas. El protagonista, que se hace de oro con el petróleo, no sabe para qué quiere el dinero que gana, pues es un desnaturalizado que no quiere a nadie. El otro protagonista, un iluminado farsante que se aprovecha del sentimiento religioso de su comunidad. No tiene ningún valor moral positivo, con lo que al terminar te quedas absolutamente planchado. Genial la utilización de la música y el sonido, y la interpretación de Daniel Day-Lewis, en tomas larguísimas él solo. No la recomendaría a nadie que busque puro entretenimiento. Para cinéfilos empedernidos.
Aquí crítia decine21.