Sorprendente película, sencilla, pero que al terminar te hace pensar, provoca preguntas. La directora es jovencísima y sabe muy bien lo que quiere. DeCine21.

La guionista y directora Cherien Dabis se inspira en su propia familia para contar las dificultades de integración de los árabes en Estados Unidos, debido a la invasión de Irak, que pone a los inmigrantes de esta etnia bajo sospecha. Más que cine político, lo que hace Dabis es contar una historia profundamente humana, sobre la importancia de los lazos de sangre, y el cultivo de la esperanza ante las dificultades. En tal sentido hace una composición soberbia la protagonista, Nisreen Faour, que entrega un personaje inasequible al desaliento, siempre con la sonrisa en el rostro, que no se viene abajo cuando su optimismo choca con las dificultades del mundo real. Está muy bien descrita, sin estridencias, la relación madre-hijo, y con los parientes americanos. Pero también el maleamiento a que conduce Occidente -las drogas, las tonterías que cometen los adolescentes en grupo...-, la posibilidad de una coexistencia pacífica y en concordia entre personas de orígenes diferentes. Se agradece además que no se caiga en el victimismo, y que se muestre a personajes estadounidenses -que en algún momento de sus vidas también han sido inmigrantes- ayudando a los recién llegados.