5 d’agost de 2019

"La leyenda del Santo Bebedor"


La leyenda del Santo Bebedor
Joseph Roth (1939)
Anagrama 1981

Andanzas de un vagabundo que duerme bajo los puentes en París. Un día un caballero que se ha convertido al cristianismo gracias a Santa Teresita, le da doscientos francos con la condición de que los devuelva al cepillo de la iglesia donde hay una imagen de la santa. Andreas es un hombre de honor y está en su voluntad devolver la deuda, pero por diversos impedimentos que van sucediendo le es muy difícil cumplir su propósito.

Es una narración sencillísima, lineal, entrañable, que se lee en un momento. Pero no tiene desperdicio a la hora de retratar al personaje, alcoholizado, en su forma de actuar. Un 10.

"La leyenda del Santo Bebedor, fue publicada por primera vez en 1939, pocos meses después de la muerte de Roth, exiliado en París, y puede ser considerada, por muchos motivos, su testamento, la parábola transparente y misteriosa que encierra la cifra de su autor, hoy redescubierto como uno de los más extraordinarios narradores del siglo.

El clochard Andreas Kartak, originario como Roth de las provincias orientales del Imperio austrohúngaro, encuentra una noche, bajo los puentes del Sena, un enigmático desconocido que le ofrece doscientos francos. El clochard, que tiene un puntilloso sentido del honor, en principio no quiere aceptarlos, porque sabe que nunca podrá devolverlos. El desconocido le sugiere restituirlos, cuando pueda, a la santa Teresita de Lisieux de la iglesia de Sainte Marie des Batignolles. Desde este momento, la vida del clochard es un continuo acercarse y perderse en el camino hacia la iglesia, para cumplir su imposible compromiso.

Es como si el clochard deseara una sola cosa en su vida –devolver aquel dinero– y, al mismo tiempo, no esperase sino ser desviado por innumerables absentas, por mujeres casualmente encontradas, por viejos amigos que reaparecen como comparsas fantasmales. Toda la desgarrada dispersión de la vida de Roth –y en especial de los últimos años, cuando, también en París, encontraba una suprema, última lucidez en el alcohol– se transparenta en esta imagen de un hombre ya tranquilamente ajeno a cualquier sociedad, visitado por jirones de recuerdos, generosamente disponible respecto a todo lo que le sale al paso– y, en secreto, fiel a un único y aparentemente inútil voto."