
Estoy en plena inmersión rusa: Éste, "Vida y destino", "La historia de Olga", y estoy terminando, "Todo fluye", también de Vasili Grossman.
El meu entreteniment principal són els llibres, la lectura. Aquí comento els llibres que llegeixo, les pel·lícules que miro, articles de pensament i tot allò que trobo interessant compartir.

“El silenci”
Hernàndez, Gaspar
Premi Josep Pla 2009
Columna Edicions SA / Destino 2009, ISBN 978-84-9710-103-5
He llegit aquest llibre perquè m'ho ha demanat una amiga llibrera. Però no m'ha agradat gens.
La novela
En una habitació de l’illa de Formentera, un home, professional de la ràdio, parla durant tota la nit a una noia japonesa despullada, adormida mitjançant un somnífer. La noia és Umiko, que es guanya la vida donant classes de meditació zen. Pateix un tumor cerebral i està convençuda que mitjançant visualitzacions i un exercici programat per una amiga seva, que es realitza a aquesta nit, es pot guarir. Durant la vetlla, l’autor parla sobre el seu tracte de la Umiko, llegeix un diari que va escriure durant la seva estança a un monestir zen, i també recorda el tracte amb persones reals com Baltasar Porcel o Malkovich.
En aquest monòleg nocturn, l’autor reflecteix el seu coneixement, amb cert escepticisme, de tots aquest temes pseudo-espirituals: l’exercici de la meditació, el creixement personal, les medecines alternatives, els llibres d’autoajuda. Tot molt ben documentat i barrejat. Com si busqués la transcendència de la persona, la part més espiritual, però sense Déu.
L’únic valor que té el llibre es que està ben escrit, però la trama argumental no s’aguanta i és francament desagradable.
L’autor
Gaspar Hernàndez és periodista i dirigeix un programa de ràdio, L’ofici de viure, sobre tots aquests temes que toca a la novel·la, amb convidats als que entrevista i trucades dels radiooients.
Segons unes declaracions a una entrevista, “el que més valoro de la vida és l’amor, el sentit de la vida és donar i rebre amor”. Però segons la seva novel·la, l’amor per a ell té un component sempre sexual. L’amistat no seria amor, de fet no l’hi diu amor i la distingeix de l’amor. És una altra cosa. “Com a qüestió secundaria, (sobre el sentit de la vida) seria ser coherent amb la teva essència sigui quina sigui. Cal intentar intuir-la i ser coherent amb ella”. Què vol dir amb això? Aquest filosofia impregna el llibre.
Públic apropiat
Per un públic adult.. No val la pena llegir-lo: no aporta res, només un vernís superficial sobre aquestes qüestions esotèriques. No el recomanaria a ningú.

Me ha gustado mucho esta entrevista, publicada hoy en La Contra de La Vanguardia. Para aprender envejecer bien aprender a recibir antes, para cuando seamos dependientes llevarlo bien. Y tener el corazón lleno de afectos. La transcribo.
Marie de Hennezel, psicóloga y psicoterapeuta
"El corazón envejece cuando nadie solicita tu atención"
IMA SANCHÍS
A algunos de mis pacientes se les despertó el miedo a la vejez cuando alguien les cedió el asiento en el metro.
En su caso, ¿cómo fue?
Yo me di cuenta de que era mayor cuando tuve miedo de subirme a una escalera para limpiar la chimenea de casa.
Así, de sopetón.
Sí, ocurre repentinamente, como la primera arruga, pero los 60 es la edad simbólica, cuando te dan el carnet sénior y te jubilan.
Europa está llena de séniors.
Somos la generación del baby boom,vamos a vivir muchos años y nos da mucho miedo envejecer, pero hay dos maneras de hacerlo: como un descubrimiento y un crecimiento, o como un naufragio.
Cuestión de carácter.
Las personas optimistas se adaptan a los cambios y han aprendido a ocuparse de los demás. Las que lo llevan mal suelen ser personas muy narcisistas que no han resuelto sus problemas emocionales y no tienen confianza en sí mismas ni en la vida.
¿Y dice usted que se puede aprender a envejecer con soltura?
Sí, y la edad idónea son los 60, cuando somos absolutamente conscientes de lo que está en juego. Después, a los 70 u 80 años, es difícil cambiar, y ante la vejez hay malas y buenas actitudes.
Hábleme de ellas.
Las personas que envejecen bien están en paz con su pasado, han trabajado los remordimientos, los reproches y las frustraciones. La ligereza de espíritu es condición para envejecer bien.
Si estás ocupado con algo que te interesa, el pasado pierde peso.
Sí, es muy importante estar activo, pero hoy en día después de la tercera edad, que termina a los 75 años, viene la cuarta y la quinta (a partir de los 90 años), donde la vida interior es sumamente importante porque probablemente ya seremos dependientes y nuestro espacio puede ser muy reducido. Hay que estar preparado para aceptarlo.
¡Qué miedo!
Esta sociedad no es para viejos, la gente llega a la vejez muy sola. Todos nuestros valores tienen que ver con ser joven. Por eso, cambiar la mirada de la sociedad sobre la vejez es un desafío y una responsabilidad para mi generación, porque hasta nuestros hijos temen nuestra vejez. No debemos convertirnos en una carga para ellos.
Ser dependiente no depende de uno.
En parte. Si nos cuidamos psíquica (dando más importancia a la vida interior) y físicamente (comer bien, no fumar, hacer ejercicio), estaremos mejor. Y, aun siendo dependientes, podemos desarrollar cualidades interiores que nos ayuden a vivir mejor.
... Y eso hay que hacerlo a los 60.
Sí, debemos aprender a estar bien con nosotros mismos y cultivar placeres como el de la contemplación de la naturaleza o la música, de manera que si llega la dependencia o la silla de ruedas tengamos recursos. Si uno aprende a recibir de los otros, el día que esté enfermo vivirá mejor esa situación, sabrá abandonarse a los otros.
¿Usted prepara a la gente para eso?
Sí, la entreno en la meditación y en el placer de permanecer sin hacer nada y hablamos. Hay muchas cosas que uno debe trabajar a los 60 para saborear más tarde la vida.
¿Cuáles son los testimonios de ancianos que más le han conmovido?
Los que tienen el sentimiento de que es una suerte envejecer porque hay mucha gente que muere joven; los que saben que el corazón no envejece.
El corazón se endurece.
Cierto, pero la facultad de desear y de amar es lo que nos hace avanzar. He visto a mucha gente en los asilos replegada en sí misma, pero he visto también cómo las atenciones y las caricias diarias de una enfermera han devuelto la alegría de vivir a alguna de esas personas. El corazón humano nunca pierde la esperanza de amar y de ser feliz.
Sigue siendo triste.
Lo que esto pone en evidencia es la responsabilidad que tenemos los unos hacia los otros, porque el corazón envejece cuando nadie solicita tu atención, tu ternura.
Sin afecto, es difícil disfrutar de nada.



"La historia de Olga"
