13/05/2010
Los ajustes de Zapatero
¿Cómo es posible que Zapatero no dimita? ¿Os imagináis a cualquier dirigente europeo compareciendo como zapatero ayer, y no dimitir? Corre un vídeo de una conferencia de Julio Anguita, que dice textualmente: "si pasáramos un plumerito por los gastos superfluos de las tres administraciones del Estado (central, autonómica y local), habría 4 Billones de pesetas" (24.024 millones de euros). ¡Jolín! ¿Para cuando una huelga general? ¡Que se vaya, por Dios! ¿Os acordáis cuando el año pasado repartía 400 € a modo de caramelito? ¡Qué inepto!
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Actualidad
11/05/2010
Najwa y su hiyab
Interesante artículo de Andrés Ollero, que transcribo íntegro. ¡Qué importante es ir a la raíz!
El torero, salvo que vaya a tomar o confirmar la alternativa, hace el paseíllo con la montera bien asentada en sus sienes con aire nada sumiso. Sólo en señal de duelo lo haría destocado. El modo de cubrir o no la cabeza ha jugado siempre un notable papel entre las normas de urbanidad que regulan la convivencia.
A Najwa, una adolescente musulmana, se le pretende prohibir, por ir tocada con un pañuelo islámico, el acceso a su centro escolar; su reglamento interno excluye al parecer el uso de gorras susceptibles de identificar pandillas juveniles. Oigo por la radio a una madre de alumno, sin duda bienpensante, clamar emulando al «Ronquillo»; exige que no se reforme el reglamento, esgrimiendo el clásico «aquí, o todos o ninguno».
Para empezar, parece obligado recordar que hablamos de derechos. No se trata de si la niña quiere o no llevar el pañuelo, sino de si tiene o no derecho a hacerlo. Habrá luego que considerar si se trata de un eventual derecho subjetivo otorgado por vía legislativa o de un derecho fundamental, que sólo puede verse desarrollado por una ley que respete su contenido esencial. Bastaría con ello para constatar la sarta de disparates que han ido surgiendo de los tendidos.
De un derecho fundamental no se es titular cuando a los demás les parece bien. No somos humanos a partir de la semana que decida la mayoría, ni podemos ejercer la libertad religiosa cuando y como a la mayoría le parezca bien. No hay que ser musulmán para distinguir entre un hiyab y una gorra. Afirmar, como se ha dicho en Andalucía, que en cada caso se decidirá si se puede o no entrar con velo equivale a atribuir a los centros competencias legislativas, lo que supone un despropósito. Por otra parte, no hace falta alguna reformar el reglamento de su centro escolar para que Najwa pueda acceder a él; basta con algo tan elemental como proceder interpretarlo, como cualquier otra norma, en el marco de la Constitución; o sea, de la manera más favorable a los derechos en ella reconocidos.
Surgen, sin embargo, otras voces desde los tendidos: no estaríamos ante un símbolo religioso, sino ante una intolerable muestra de sometimiento femenino. La cuestión es tan polémica como peliaguda. ¿Quién debe establecer el sentido de un símbolo? ¿El que lo usa o quienes le observan? En la medida en que esa negativa interpretación semántica tuviese fundamento, sería más razonable que a Najwa se la educara de tal modo en la importancia de la autonomía femenina como para que ella misma, si se sintiera ahogada por el velo, se lo acabara quitando. Renunciar a educarla, o desviarla a otro centro donde le concedan graciosamente lo que en justicia es su derecho, es el mejor modo de deseducar cívicamente a sus compañeros.
Desde el Gobierno se sigue mostrando una pueril alergia a lo religioso. En vez de reconocer que es el derecho fundamental a la libertad religiosa lo que obliga a interpretar que el hiyab no es una gorra sin visera, se descuelgan con que debe primar el derecho a la educación; pero esto sí obligaría a modificar el reglamento y convertiría en intachables las gorras. Todo antes que suscribir nuestra constitucional «laicidad positiva», que justifica un deber de cooperación con las manifestaciones religiosas y quienes las encarnan. Enfrente, una derecha hirsuta juega al Guerrero del Antifaz, para que los laicistas de turno se carguen de razón: una vez que Najwa haga el paseíllo destocada, una novicia asiática animada por sus superioras a completar estudios, no podría acceder a ese mismo centro con la toca sin generar una burda discriminación por motivos religiosos. Inteligente resultado: religión civil para todos por decreto.
El torero, salvo que vaya a tomar o confirmar la alternativa, hace el paseíllo con la montera bien asentada en sus sienes con aire nada sumiso. Sólo en señal de duelo lo haría destocado. El modo de cubrir o no la cabeza ha jugado siempre un notable papel entre las normas de urbanidad que regulan la convivencia.
A Najwa, una adolescente musulmana, se le pretende prohibir, por ir tocada con un pañuelo islámico, el acceso a su centro escolar; su reglamento interno excluye al parecer el uso de gorras susceptibles de identificar pandillas juveniles. Oigo por la radio a una madre de alumno, sin duda bienpensante, clamar emulando al «Ronquillo»; exige que no se reforme el reglamento, esgrimiendo el clásico «aquí, o todos o ninguno».
Para empezar, parece obligado recordar que hablamos de derechos. No se trata de si la niña quiere o no llevar el pañuelo, sino de si tiene o no derecho a hacerlo. Habrá luego que considerar si se trata de un eventual derecho subjetivo otorgado por vía legislativa o de un derecho fundamental, que sólo puede verse desarrollado por una ley que respete su contenido esencial. Bastaría con ello para constatar la sarta de disparates que han ido surgiendo de los tendidos.
De un derecho fundamental no se es titular cuando a los demás les parece bien. No somos humanos a partir de la semana que decida la mayoría, ni podemos ejercer la libertad religiosa cuando y como a la mayoría le parezca bien. No hay que ser musulmán para distinguir entre un hiyab y una gorra. Afirmar, como se ha dicho en Andalucía, que en cada caso se decidirá si se puede o no entrar con velo equivale a atribuir a los centros competencias legislativas, lo que supone un despropósito. Por otra parte, no hace falta alguna reformar el reglamento de su centro escolar para que Najwa pueda acceder a él; basta con algo tan elemental como proceder interpretarlo, como cualquier otra norma, en el marco de la Constitución; o sea, de la manera más favorable a los derechos en ella reconocidos.
Surgen, sin embargo, otras voces desde los tendidos: no estaríamos ante un símbolo religioso, sino ante una intolerable muestra de sometimiento femenino. La cuestión es tan polémica como peliaguda. ¿Quién debe establecer el sentido de un símbolo? ¿El que lo usa o quienes le observan? En la medida en que esa negativa interpretación semántica tuviese fundamento, sería más razonable que a Najwa se la educara de tal modo en la importancia de la autonomía femenina como para que ella misma, si se sintiera ahogada por el velo, se lo acabara quitando. Renunciar a educarla, o desviarla a otro centro donde le concedan graciosamente lo que en justicia es su derecho, es el mejor modo de deseducar cívicamente a sus compañeros.
Desde el Gobierno se sigue mostrando una pueril alergia a lo religioso. En vez de reconocer que es el derecho fundamental a la libertad religiosa lo que obliga a interpretar que el hiyab no es una gorra sin visera, se descuelgan con que debe primar el derecho a la educación; pero esto sí obligaría a modificar el reglamento y convertiría en intachables las gorras. Todo antes que suscribir nuestra constitucional «laicidad positiva», que justifica un deber de cooperación con las manifestaciones religiosas y quienes las encarnan. Enfrente, una derecha hirsuta juega al Guerrero del Antifaz, para que los laicistas de turno se carguen de razón: una vez que Najwa haga el paseíllo destocada, una novicia asiática animada por sus superioras a completar estudios, no podría acceder a ese mismo centro con la toca sin generar una burda discriminación por motivos religiosos. Inteligente resultado: religión civil para todos por decreto.
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02/05/2010
Día de la madre
Hoy es el día de la madre: felicidades, mamá! Papi: enséñale este vídeo a la mamá.
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Actualidad
Juergen Donges y la gestión de la crisis española
El mayor problema que tiene España actualmente son sus políticos y gobierno. Sé que la gestión de la crisis es un auténtico desastre, y me anima ver que lo corrobora desapasionadamente este analista que estuvo que presidió el consejo económico de los cancilleres Kohl y Schröder.
Cuando un gobierno afronta una crisis económica, ha de tener un plan – de izquierdas ode derechas, pero un plan-y debe explicarlo y ser capaz de mantenerlo…¿Por qué?
Porque si tiene un plan y lo cumple, ese gobierno y ese país, pese a su crisis, se convierten en previsibles para el mundo.
¿Aunque el plan no sea el mejor?
Lo esencial es que exista y se cumpla. Porque, al saberlo, los mercados pueden adaptarse a él. Así ese gobierno minimiza la gran enemiga de los mercados, la incertidumbre; y maximiza su gran amiga, la confianza.
Usted es un experto en confianza.
Le hemos dedicado mucha investigación: la Vertrauen es imprescindible.
El petróleo de los países sin petróleo.
En cambio, si el gobernante va dando bandazos – anuncia y no hace y sólo pone parches-, desorienta a los mercados y crea esa incertidumbre letal para la imagen de un país.
¿Cree que aquí ha faltado Vertrauen?
El Gobierno español ha actuado sin plan ni coherencia, dando bandazos y con parches. Y, por ello, la imagen de España en los mercados es peor que su realidad económica.
¿Y no hubier
a ayudado que nuestra oposición y Gobierno dieran respuesta conjunta a la crisis?
…
¿Por qué aquí sufrimos la crisis griega?
Grecia ha vivido durante años por encima de sus
posibilidades: gastaba más de lo que ganaba y así generó una enorme deuda…
Además, mintió al declararla.
… ¡Fatal para su Vertrauen! Ahora Grecia no puede devolver esa deuda a los mercados y espera que los demás países del euro -y Alemania el que más- pongan ese dinero.
¿Por qué Alemania se resiste tanto?
¡Lo que me extraña es la facilidad con que ha accedido Zapatero a ponerlo! En Alemania, muchos municipios en apuros han recortado guarderías, piscinas, bibliotecas, transportes… Los alemanes ya hemos rebajado nivel de vida para ahorrar.
Y ahora Grecia les pide sus ahorros.
Mientras los alemanes nos sacrificábamos, los griegos mantenían sueldos públicos y subvenciones por encima de lo que ganaban. Ahora nos piden que paguemos sus excesos y eso tiene un coste político que la canciller Merkel se resiste a asumir.
¿Qué pasa si Grecia suspende pagos?
Es pequeña. Podríamos reestructurar y absorber su deuda. Lo hemos hecho con otros países muchas veces: Argentina, Tailandia, México… Y con Grecia no sería peor.
¿Entonces…?
Lo que de verdad nos preocupa es que, cuando los griegos ya tengan nuestro dinero, no hagan los recortes prometidos y… ¡a vivir hasta la próxima crisis! Así, esa ayuda acabaría siendo subsidio: algo así como el eterno subsidio de su PER andaluz.
Ustedes también tuvieron su PER al unificarse con la ineficiente ex RDA.
Sólo al principio, pero después Schröder recortó esos subsidios y pagó un altísimo coste político por ello: al SPD le surgió una escisión a la izquierda, Die Linke, con Lafontaine. Pero hizo lo que tenía que hacer.
¿Y si Grecia arrastrara a España?
España es grande y sería trágico para el euro. Hay riesgo porque la crisis española es interna. Su sector inmobiliario exige sacrificios; la alemana es externa: sus exportaciones cayeron con la demanda
exterior.
¿Qué aconseja a España?
Reformas urgentes y creíbles y que asuma su coste político con valentía. Reconvertir el sector inmobiliario es como aquella otra reconversión industrial – recuerde-que tan alto coste tuvo para Felipe González.
Dos huelgas y paro, sudor y lágrimas.
Porque su mercado laboral no está pensado para absorber estos choques: es muy rígido. Y, al ser tan caro contratar, el empleador prefiere invertir en máquinas y suprime empleos. Y sus sindicatos no ayudan…
Pues yo los veo muy pacíficos.
Los sindicatos españoles no se han enterado de lo que se juegan y siguen pidiendo aumentos de sueldo. En cambio, los sindicatos alemanes este año no han querido alzas salariales. Han pedido más formación profesional y más seguridad en el empleo.
Bajar sueldos hace gastar menos y esa caída de la demanda genera más paro.
Falso. Lo que contrae la demanda agregada es el paro, el miedo al paro. La gente tiene miedo a perder el empleo y gasta menos, lo que, a su vez, genera más desempleo.
¿Por qué Alemania resiste mejor?
Porque se especializó en producir una maquinaria – industrial o automóviles-para la que siempre hay demanda en todo el mundo si hay crecimiento económico… Y ahora le voy a dar una buena noticia.
¡Por fin!
Las exportaciones alemanas vuelven a aumentar. Y recuerde que todas nuestras crisis se solucionan igual: la exportación aumenta y esa subida se traslada a la inversión, que, a su vez, hace crecer el empleo, que a su vez hace crecer el consumo privado… Y de ese nuevo ciclo se beneficia toda Europa.
A ustedes les va bien un euro débil.
Falso: no tenemos un gobierno como el chino, que mantiene su divisa baja. Lo esencial para nosotros es que haya demanda internacional. Piense que el ochenta por ciento del Porsche Cayenne, por ejemplo, que tanto compran aquí, está hecho en Bratislava y, por lo tanto, sin euro.
Hombres de Estado
Ante la recesión me gustaría haber tenido un gobierno sincero, coherente y sólido, pero también me hubiera gustado tener una oposición – ¿o es que no pago sus sueldos con mis impuestos?- que pusiera el interés del país por encima del de su partido y pactara – como otras oposiciones europeas- una política de Estado para salir de ella. Quien crea que cuanto peor le vaya a España, mejor le irá en las urnas, lo pagará en votos. Al menos el mío. Lo hablo con Donges, presidente de los “cinco sabios” que asesoraron al canciller Helmuth Kohl – que sí supo ser un hombre de Estado- y a Schröder, quien, pese a su futilidad en otros ámbitos, supo asumir el coste político de recortar los subsidios a la RDA.
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Actualidad
"El tiempo entre costuras"
María Dueñas
Temas de hoy 2009
Sira Quiroga, modista, dejará Madrid antes de la guerra civil española; tras conocer por fin a su padre, será abandonada por su novio; vivirá en Tetuán la contienda española, conocerá al gran mundo político y militar y terminará trabajando para unos servicios de inteligencia. La novela gustará a los que busquen emociones (romances, amistades, relaciones de familia), trasfondo histórico (Franco y sus hombres fuertes, los nazis en España, el protectorado español), intriga (es también una buena historia de espías), costumbrismo, exotismo colonial, moda y glamour. Sira cuenta todo en primera persona desde su vejez. Con gran realismo y simpatía desgrana los hechos que la van haciendo crecer como persona. Sus cualidades humanas y su belleza la ponen en unas circunstancias muy lejanas a su condición inicial pero verosímiles y coherentes. Todo ha sido bien calculado por Dueñas, como en un gran edificio bien ensamblado.
Su novela está impregnada de la tradición novelesca del XIX, y se ve en todas partes: buena y larga trama, aventuras, intensos encuentros entre los personajes, revelaciones, conspiración y grandes pasiones, buen ritmo y quiebros constantes. También es una novela sobre la lealtad, el valor del sacrificio y del trabajo y sobre el amor, la superación personal y la importancia de aprender de los propios errores.
No tengo nada que añadir a esta reseña de Javier Cercas en Aceprensa. De todos modos a mí no me parece muy verosímil este cambio de personalidad ten radical. Y me ha gustado mucho todo el entorno histórico con sus personajes reales, de los que algunos no conocía su existencia, y de otros simplemente me sonaba el nombre.
La autora tiene un blog con imágenes de los lugares y personajes históricos, muy interesante.
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Libros
22/04/2010
Trobada de Corals 2010
La setmana passada vam anar a Lleida, a la XVI Trobada de Corals d'Ensenyament Secundàri. 4.200 cantaires, més de 100 centres educatius d'arreu de Catalunya, València i Andorra. Una gran festa. Aquest és un vídeo resum.
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Mi instituto
17/04/2010
Amerrika
Sorprendente película, sencilla, pero que al terminar te hace pensar, provoca preguntas. La directora es jovencísima y sabe muy bien lo que quiere. DeCine21.
Pequeña gran película alrededor del drama de Oriente Medio y la inmigración. Muna es una mujer de mediana edad, madre de un adolescente, Fadi, divorciada por culpa de su infiel marido. Palestina cristiana, se gana bien la vida como empleada de banco, pero su vida en Cisjordania es dura, está en marcha la construcción de un muro de la vergüenza, y cada día debe atravesar humillantes puestos de control. Cuando le surge la oportunidad de emigrar a Estados Unidos, espoleada por Fadi, se lanza a la aventura. Ambos marchan a Illinois, donde son acogidos en casa de una hermana de ella, Raghda, que lleva viviendo allí 15 años.La guionista y directora Cherien Dabis se inspira en su propia familia para contar las dificultades de integración de los árabes en Estados Unidos, debido a la invasión de Irak, que pone a los inmigrantes de esta etnia bajo sospecha. Más que cine político, lo que hace Dabis es contar una historia profundamente humana, sobre la importancia de los lazos de sangre, y el cultivo de la esperanza ante las dificultades. En tal sentido hace una composición soberbia la protagonista, Nisreen Faour, que entrega un personaje inasequible al desaliento, siempre con la sonrisa en el rostro, que no se viene abajo cuando su optimismo choca con las dificultades del mundo real. Está muy bien descrita, sin estridencias, la relación madre-hijo, y con los parientes americanos. Pero también el maleamiento a que conduce Occidente -las drogas, las tonterías que cometen los adolescentes en grupo...-, la posibilidad de una coexistencia pacífica y en concordia entre personas de orígenes diferentes. Se agradece además que no se caiga en el victimismo, y que se muestre a personajes estadounidenses -que en algún momento de sus vidas también han sido inmigrantes- ayudando a los recién llegados.
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Cine
11/04/2010
Joaquín Navarro Valls: pederastia en la Iglesia
Me ha parecido muy esclarecedor este artículo de Navarro Valls, médico psiquiatra y periodista, sobre este tema tan candente en los media en la actualidad. La negrita es mía, para facilitar su lectura en diagonal.
En las dos últimas semanas los medios han llenado el espacio público con la dolorosa y destructiva realidad de los casos criminales de pedofilia.La acusación se ha ido levantando progresivamente como consecuencia de una serie de revelaciones provenientes de diversos países europeos, tocantes a casos de abusos sexuales perpetrados a menores por parte de sacerdotes. Leyendo las informaciones parece incluso que se trate de un “scoop” gigantesco, y que ahora –gracias a estas geniales revelaciones- esté emergiendo un sotobosque podrido en el seno de la Iglesia católica.
Ciertamente, en Austria, en Alemania y en Irlanda, como en casi todos los países en los que hay una presencia consistente de escuelas y organizaciones educativas eclesiásticas, ha habido fenómenos criminales graves de violaciones de la dignidad de la infancia. El hecho es conocido. Y no es casualidad que en el Vía Crucis de 2005, el entonces cardenal Joseph Ratzinger no usara medias palabras cuando revelaba con disgusto: «!Cuánta suciedad hay en la Iglesia! Incluso entre quienes, en el sacerdocio, deberían pertenecer completamente a Jesús. ¡Cuánta soberbia! ¡Cuánta autosuficiencia!». Quizá lo hemos olvidado. Por tanto, se puede sin temor a un desmentido revelar que el problema existe en la Iglesia, es conocido por la Iglesia, y ha sido y será más adelante afrontado con decisión por parte de la misma Iglesia en el futuro.
Con todo, vamos a intentar reflexionar por un momento sobre la manifestación de la pedofilia en sí misma. Desde mi experiencia como médico puedo evidenciar algunos datos importantes, útiles para entender la gravedad y la difusión del problema.
Las estadísticas más acreditadas son elocuentes. Certifican que 1 chica de cada 3 ha sufrido abusos sexuales, y que 1 chico de cada 5 ha sido objeto de actos de violencia. El hecho verdaderamente inquietante, divulgado no sólo en las publicaciones científicas sino incluso en la CNN, nos dice que el porcentaje de quienes –según una muestra representativa de la población- han molestado sexualmente a un niño se mueve entre el 1 y el 5%. Es decir, una cifra impresionante.
Los actos de pedofilia han sido llevados a cabo por parte de los padres o de parientes cercanos. Hermanos, hermanas, madres, “canguros” o tíos, son los abusadores más comunes de los niños. Según el departamento de Justicia estadounidense casi todos los pedófilos acusados por la policía eran varones en un 90% de los casos. Según Diana Russell, el 90% de los abusos sexuales se lleva a cabo por personas que tienen conocimiento directo de las pequeñas víctimas, y permanecen dentro de la complicidad familiar.
Un aspecto destacado, por desgracia, es que en el 60% de los casos de violencia, quienes la sufren tienen menos de 12 años, y en la inmensa mayoría de los casos los abusadores son personas de sexo masculino y con parentesco de sangre con las víctimas.
Estas estadísticas muestran, por tanto, un cuadro claro y más bien amplio de la práctica de la violencia sobre la infancia. Teniendo en cuenta que estos datos se refieren únicamente a los hechos denunciados, patentes o de todos modos conocidos, podemos fácilmente imaginar la magnitud del dramatismo que se esconde tras esta realidad, aún más difundida en países que por razones culturales no consideran nítidamente que esta violencia sea una obscenidad aberrante.
Con esto, dirigir la atención exclusivamente sobre quienes de modo evidente pueden inscribirse en la categoría general de abusadores sexuales, siendo sin embargo sacerdotes, puede ser verdaderamente una desviación del asunto. En este caso, en efecto, el porcentaje desciende hasta convertirse en un fenómeno estadísticamente mínimo.
Cierto que nada podrá apartar los sentimientos y la vergüenza que se siente ante estas revelaciones recientes referidas a la Iglesia, incluso aunque se refieran a hechos sucedidos hace decenios y probablemente cubiertos con gravísimas formas de complicidad. Podemos estar seguros, partiendo de la carta pastoral a Irlanda, de la semana pasada, de que Benedicto XVI tomará todas las medidas que serán necesarias para expeler a los culpables y juzgarlos sobre los crímenes reales cometidos por las personas implicadas.
¿Por qué no debería hacerlo? ¿Qué utilidad tendría eso?
De todos modos, evitemos caer en la trampa de la hipocresía, sobre todo al estilo de la puesta recientemente en escena por el New York Times al referir el caso del reverendo Murphy. Porque ahí, la autora del artículo no valora, ni saca consecuencias, ni señala con relieve adecuado, el hecho de que la policía –que había recibido denuncias al respecto- lo había dejado libre como inocente.
¿Hay algún Estado que ha hecho una investigación en profundidad sobre este tremendo fenómeno, tomando medidas claras y explícitas –incluso preventivas- contra los abusos de pedofilia que hay entre los propios ciudadanos, en las familias, o en las instituciones educativas públicas? ¿Qué otra confesión religiosa se ha movido para desemboscar, denunciar y asumir públicamente el problema, sacándolo a la luz y persiguiéndolo explícitamente?
Evitemos, sobre todo, la insinceridad: la de concentrarnos sobre el limitado número de casos de pedofilia verificados en la Iglesia católica, sin abrir en cambio los ojos ante el drama de la infancia violada y abusada demasiado a menudo y por todas partes, pero sin escándalos.
Si deseamos combatir los delitos sexuales sobre los menores, al menos en nuestras sociedades democráticas, entonces debemos evitar ensuciarnos la conciencia, mirando exclusivamente hacia donde el fenómeno se produce con gravedad moral quizá incluso mayor, pero en medida ciertamente menor.
Antes de poder juzgar a quien hace algo, se debería tener los redaños y la honestidad de reconocer que no se está haciendo lo suficiente. Y procurar hacer algo semejante a lo que está haciendo el Papa. Si no es así, sería mejor dejar de hablar de pedofilia y comenzar a discutir acerca de la fobia furibunda desencadenada contra la Iglesia católica. Esta última acción, en efecto, parece hecha con gran habilidad y con escrúpulo meticuloso en la investigación, y –sin embargo- con evidente mala fe.
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Actualidad
10/04/2010
Julio Gómez, médico que asiste a enfermos terminales
Magnífico testimonio, publicado hoy en La Vanguardia. En manos de médicos como este bilbaíno me pondría yo, huyendo de otros carniceros.
Su hija estaba muerta. Dejó que su hermanito Ander, de seis años, la viera. El niño lloró y, mirándole a él, le dijo: "Tú no lloras porque eres médico, ¿verdad?". Y Julio Gómez rompió a llorar: aprendió que tenía derecho. Hoy es referente en medicina paliativa: bajo la dirección del veterano Xavier Gómez-Batiste, Julio lidera uno - hospital San Juan de Dios de Santurce-de los treinta equipos del programa de la Obra Social La Caixa - 11 millones de euros-para la atención integral de personas con enfermedades avanzadas. De 384.000 personas que fallecen al año en España, 150.000 necesitan esos cuidados, y sólo 40.000 los recibían: disminuyen así sus niveles de ansiedad, depresión e insomnio.VÍCTOR-M. AMELA
Ayudarte a vivir bien hasta el último minuto.
¿Cómo puedo vivir bien sabiendo que voy a morir?
Si aceptas lo inevitable y yo te palío lo evitable, vivirás bien hasta el final, con dignidad.
¿Qué es lo evitable?
El dolor total.
¿Qué es el dolor total?
Una suma de dolor físico, dolor psíquico, dolor social y dolor espiritual. Paliémoslos: en eso consisten los cuidados paliativos.
¿Desde cuándo la medicina los ofrece?
En España, sólo desde los años 80. Antes, el médico veía a la muerte como enemiga: si no podía curar, el médico se sentía fracasado. "No hay nada que hacer", sentenciaba, y abandonaba al enfermo a su suerte.
Lo desahuciaba.
El médico está entendiendo que, más allá de curar, puede cuidar al enfermo desde el diagnóstico hasta la muerte. Lo dice el filósofo Francesc Torralba: "Hay enfermos incurables, pero ninguno incuidable".
¿Cómo me paliarán el dolor físico?
Hay analgésicos idóneos, hay morfina.
Si la morfina merma mis facultades, ¿me compensaría usarla de todos modos?
Te preguntaría siempre antes. Hoy podemos dosificar la morfina de modo que palíe tu dolor físico con el mínimo embotamiento cognitivo. El otro día reduje la dosis a un enfermo porque vi que había alcanzado una serenidad natural que lo permitía.
¿El estado psíquico determina el físico?
Sí. El dolor psíquico - angustia, ansiedad, tristeza, ira, miedo...-alimenta el sufrimiento, sensibiliza, incrementa el dolor total.
¿Y cómo se palía ese dolor psíquico?
Acompañando al enfermo, permitiendo que se permita expresar rabia, tristeza... ¡Sólo así podrá llegar a aceptar su situación! Ese enfermo quiso hablar con familiares, expuso deseos, se reconcilió consigo mismo...
Me hablaba de dolor social: ¿qué es?
El derivado de perder tus roles sociales anteriores, a causa de tu enfermedad.
¿Cómo puede paliarse ese dolor?
Un enfermo entendió lo mucho que podía enseñar a sus hijos (o nietos) con su actitud ante la enfermedad y la muerte: ganó para sí un rol social, ¡y un rol muy importante!
¿Sí?
Solemos encubrir la muerte. Error. Si de niños vemos al abuelo muerto, ¡sufriremos menos mañana ante la muerte! Los niños aceptan la muerte como natural: ¿por qué inocularles temores, perjudicándoles?
Me citaba el dolor espiritual: ¿qué es?
Es el del sentido: "¿por qué?", "¿por qué yo?", "¿para qué nacer, para qué vivir?", "¿para qué todo?", "¿qué pinto yo aquí?", "¿dónde está Dios?". El enfermo terminal se hace estas preguntas, busca un sentido...
¿Y cómo le ayuda usted ahí?
Acompañándole en las preguntas: al menos, siempre nos quedarán las preguntas.
No sé si es mucho consuelo...
Nada alivia más a un paciente avanzado que comprobar que su médico no se escaquea.
¿Es más fácil el final para el creyente?
Morimos como hemos vivido: uno enfrenta de cara las cosas, otro escurre el bulto...
Diga algo al terminal que nos lea.
No es que mientras hay vida, hay esperanza, sino que mientras hay esperanza, hay vida. Hay mucho que hacer, desde aplacar tu dolor hasta estar consciente, o ver una película con alguien, compartir una comida, conversar... ¡Te queda seguir vivo hasta el final!
Cíteme un caso.
A un hombre le preparé para disfrutar de la cena de Fin de Año con sus seres queridos. Luego murió con todos alrededor de su cama, dándole la mano: ¡ver esa foto es emocionante! ¿Puede haber mejor muerte?
¿Mejor en casa que en el hospital?
Donde prefiera: disponemos de medios y recursos para que sea en casa, si se desea.
¿Ha acompañado a alguien querido?
Mi hija murió con tres años y ocho meses. Nacida con grave discapacidad, estaba hipercapacitada para generar cambios alrededor: despertó la ternura en mí, eso me hizo mejor médico. Yo la cuidé, ella me doctoró.
¿Hay dolor mayor que ese?
Quizá no. Tratar a un enfermo terminal es siempre tratar a la vez a sus familiares, a sus cuidadores, para evitar que le transmitan sus angustias. Y otra asignatura pendiente de la medicina actual es el duelo: la mitad de los duelos deriva en alguna patología.
¿Hubiese usted ayudado a morir al tetrapléjico Sampedro?
Yo ayudo a vivir al que va a morir, no a morir al que puede vivir. Sampedro no quiso, quiso suicidarse: no era un caso para mí.
¿Acaso no es la medicina paliativa una eutanasia ("buena muerte")?
Los enfermos dicen: "¡Yo no quiero vivir así!". Bien, cambiemos el "así", ¡y entonces el 99% quiere seguir viviendo! Con más recursos en medicina paliativa, el debate sobre la eutanasia devendría residual.
Una dosis muy alta de morfina ¿mata?
Le sedará, disminuirá sus constantes: moriría usted igual, pero así será más plácido.
¿Aprende usted algo de sus pacientes?
Sí: el valor de expresar las emociones, el valor de reconciliarse, el valor de cinco minutos... ¡Ellos son mis maestros! Lo que aprendo de ellos me capacitará un día para aprobar mi propio examen final.
¿Cómo enfrentará usted su final?
¡Intentaré que la muerte me encuentre bien vivo!
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